miércoles, 23 de mayo de 2007

KAFKA EN LA ORILLA

Desde que empecé a tomar contacto con la filosofía, las cosas que más me calan son aquellas que no me dejan indiferente. Hacía ya bastante tiempo que no me ocurría algo en este sentido, concretamente, hasta que un libro del autor japonés Haruki Murakami llegó a mis manos a través de las de un compañero y amigo. Su título es bastante críptico: Kafka en la orilla (Editorial Tusquets, 2006), lo que es un indicio de lo complicado que resulta hacer una reseña sobre la novela. Vamos a intentarlo: un joven que dice llamarse Kafka Kamura, el día de su decimoquinto cumpleaños, abandona la casa donde vive con la que parece ser su única familia, su padre. Tras un largo viaje en autobús termina en la ciudad japonesa de Takamatsu, donde se refugia en una biblioteca privada perteneciente a la familia Kômura. Allí se encontrara con personajes de lo más variopintos, como Oshima (una chica gay: es mujer, pero tiene aspecto masculino y se siente atraída hacia los hombres) o la señora Saeki, quien tuvo la suerte de no tener que buscar, como en la historia de Aristófanes, su otra mitad. Precisamente a él le escribió un poema de amor y le puso música. Es curioso el título de este poema-canción: “Kafka en la orilla del mar”. Tras la muerte de su amado, en circunstancias bastante sospechosas, la señora Saeki se refugia en la biblioteca de la que es máxima responsable.

Y el círculo se cierra cuando a la biblioteca llega también, procedente de Tokio, Saturu Nakata. A sus sesenta años, vive, desde muy joven, con las secuelas de un accidente ocurrido durante la Segunda Guerra Mundial que lo tiene sumido en el olvido y en la incomunicación. Bueno, en realidad puede comunicarse con los gatos, con Johnnie Walden, con su amigo Hoshimo y poco más…

La biblioteca es, pues, el punto de llegada de unas serie de personajes que tienen algo en común: huir hacia “la otra orilla”. Y todo ello en el marco de aventuras con aire francamente kafkiano. En este sentido, me quedo con el fragmento en el que Hoshimo mantiene relaciones sexuales con una prostituta estudiante de filosofía. Resulta ciertamente surrealista el entrelazado que hace el autor de frases con un alto contenido erótico y frases sobre la “conciencia del yo” en Hegel o la percepción del tiempo en Bergson.

En fin, no quiero desgranar más el argumento. Se podría afirmar que es una historia de amor, de amistad, de odio, de búsquedas, de encuentros, de espectros, de muerte… Decir que me ha gustado, me sabe a poco. Lo más acertado sería confesar que, después de mucho tiempo, algo no me ha dejado indiferente.

6 comentarios:

hel dijo...

A Muramaki le gustan mucho las chavalillas/efebo andróginas de gustos sexuales ambiguos. En "Sputnik, mi amor", la protagonista es una de ellas. Todavía estoy decidiento si Muramaki me gusta o no.

Antares dijo...

Muy buena pinta tiene el libro, lo leeré..

Meteorismo galáctico dijo...

¡Qué cosas tan raras lees, Dorami! Mientras leía la recensión (ayer aprendí esta palabra), algo en mi mente me decía que tal lío de personajes y situaciones me recordaba algo y, finalmente, he llegado a la conclusión de que, aunque aparentemente no tenga nada que ver una cosa con la otra, el gran culebrón mejicano “Frijolito” era eso que ha entrado en resonancia con la gran obra “Kafka en la otra orilla”. Os aseguro que el nivel de complejidad de las relaciones entre los personajes de Frijolito no tiene nada que envidiar al embrollo que ha narrado Dorami.

ZP debería leer este libro para enterarse de la existencia de esa nueva “opción sexual” que es la de ser mujer “gay”. Yo diría que en épocas no muy remotas (bastaría echar la vista atrás unos cincuenta años o así) había multitud de mujeres con apariencia hombruna (los pelos del bigote, piernas y axilas sin depilar son algo muy masculino) a las que les gustaban los hombres (el hombre con el que paseaban del brazo y al que llamaban “cariño” así parecía atestiguarlo), pero, tal vez por la falta de libertad, a nadie se le ocurrió decir que eran mujeres “gay”. “No ostante”, me encanta ver cómo la imaginación de los artistas (literarios y de cualquier otra disciplina) siempre es capaz de dar con nuevas “espresiones” de la “sesualidaz”.

¡VIVA LA MULTIPLICIDAD SEXUAL!

la pantera rosa dijo...

Tomaré nota, porque hace tiempo que no leo un libro que no me deje indiferente. Será porque no hay buenos libros o porque yo me entero de muy poco.

Esperaré vuestras próximas recomendaciones.

marramiau dijo...

hala, mu bien, otro libro pa comprar...

Sebastian dijo...

Hola, el libro parece bastante interesante. Hay un auge de la literatura hecha por japoneses a la manera occidental. Vos tenes este libro a la venta?