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lunes, 24 de mayo de 2010

En la Avenida de la Mortadela

Llevo unas semanas pasando más bien poco por aquí. Como suele ser habitual, todo se me ha juntado: un par de cursos, un pico de trabajo, los exámenes de la UNED… Pero lo que más ha acaparado mi tiempo ha sido el piso nuevo. Espero estar un poco más libre de aquí en adelante, ya que ¡por fin nos hemos mudado!

He de reconocer que el nuevo piso está muy bien: es grande, luminoso, lo estamos decorando con “esquisito” gusto y tiene piscina, que es algo que no viene nada mal durante el tórrido verano toledano. Además está en un barrio muy bueno, al lado de la Avenida de la Mortadela… y ese es el principal problema que le veo. ¡Es que sales a la calle y parece que estás en medio de un mitin del PP! Rubias de bote, engominados con melenita de caracolillos, camisas de marca, pantalones de colores chillones, abrigos de piel…

Y ahí llegamos nosotros, con nuestros chándales del Decathlon a hacer la mudanza. Los antiguos propietarios nos habían dejado muebles en tres habitaciones y entre ellos había un armario que ya no nos servía para nada. Así que llamamos al servicio de recogida de basuras, que también se encargan de los muebles viejos, y, con ayuda de nuestro amigo David, lo desmontamos para poder bajarlo a los contenedores de basura. Cuando hicimos el primer viaje a los contenedores nos encontramos con que habían abandonado allí un carrito de Mercadona. ¿Por qué no utilizarlo para traer de un solo viaje todas las piezas del armario desde nuestro portal hasta la basura? Dicho y hecho, allí iba yo con mi chándal y mi carrito cargado de tablas, todo satisfecho por el invento de la rueda y el bienestar que ha aportado a la especie humana. Pero no todo podía ser perfecto: en los rostros de mis nuevos vecinos, cuando me cruzaba con ellos, se reflejaban la estupefacción y el miedo. Un tipo en chándal y con un carrito de Mercadona sólo podría ser para sus limitadas mentes un delincuente, un drogadicto o, quizá algo peor: ¡un pobre! ¡Un pobre en la Avenida de la Mortadela! ¿A dónde vamos a ir a parar? Atrancad las puertas, poned barrotes en las ventanas, marcad 11 y a una señal marcad el 2…

Así que me parece que no somos demasiado populares en nuestro nuevo barrio. En fin, siempre nos queda el consuelo de que gracias a mi aspecto patibulario hemos logrado mejorar la seguridad en el barrio más pijo de Toledo.

P.D.: Y la próxima semana, como decían Tip y Coll, hablaremos del Gobierno…

lunes, 20 de julio de 2009

Duelo de "gigantes"

Pensaba yo que éste iba a ser un verano tranquilo, sobre todo teniendo en cuenta que me encuentro alejada de los calores de Toledo en mi pueblo, que no se caracteriza precisamente por estar abarrotado de turistas, pero los acontecimientos no dejan de sorprenderme. En este punto sería interesante que releyeseis un antiguo artículo del blog: “Cucarachas, enanos y enanos gigantes”. ¿Lo habéis leído ya? Bueno, pues ya puedo seguir: martes 14 de julio (hora de la siesta para ser más precisa). Mi madre, que a todas horas busca una excusa para comer, se pone a hacer un café (“para mojar algo”). Nos sorprende el ruido del vecino de arriba (el enano, recordad). Nos asomamos por el balcón y vemos que en la calle hay aparcada una furgoneta de reparto de donde salen un par de “tiarrones” con varias cajas y con un sofá.


Con gran esfuerzo (deduzco por sus jadeos) suben la escalara hasta el piso donde vive el enano. Cuando toda la mercancía estaba arriba empezamos a escuchar una discusión cada vez más altisonante. La secuencia exacta de los acontecimientos es ésta: voces-disparos-huida escaleras abajo-llegada de la guardia civil-detención del enano (con esposas incluidas)-traslado al calabozo-regreso un día después a la casa con ostensibles muestras de la violencia de las “fuerzas del Estado”.


En cuanto a mi madre se le ralentizó el ritmo cardiaco (el susto, sobre todo a raíz de los disparos, fue macanudo) inició la investigación de los hechos: al enano lo convencen unos comerciales para comprar un sofá en el que si se sienta le van a crecer la piernas. Por si eso fuera poco, además, con la compra le regalan una cadena musical y un teléfono móvil. Además, sólo tiene que hacer un pago inicial de 50 Euros. Claro, y aquí es donde vino el problema, una vez servido el producto, debería hacer frente a la siguiente letra, bastante más abultada. El enano se niega a pagar más dinero (creía que con los 50 Euros iban más que sobrados) y también se opone a que se lleven la mercancía. Ante tal situación, como si de un western se tratase, no le queda más recurso que desenfundar su arma. Si ya lo digo yo, estas películas del Oeste que nos ponen todas las tardes en las televisiones locales, están haciendo mucho daño…

En fin, el caso es que, como adelantaba unas líneas más arriba, tuvo que venir la guardia civil y llevárselo detenido. Del sofá, la cadena y el móvil no sabemos qué habrá sido. Lo que sí es seguro es que los repartidores no pisan más mi pueblo.

Por cierto, mientras escribo estas líneas, el enano, que ya está de regreso en el piso de arriba, está haciendo la colada. ¿Qué cómo lo sé? Pues porque cada vez que pone la lavadora se le escapan riadas de agua que caen sobre nuestra galería. Menos mal que lava poco. Claro y hemos tenido que subir a decírselo. Pensamos en echarlo a suertes, pero como mi padre es el mayor de la familia, lo hemos mandado a él. Afortunadamente, esta vez no hubo disparos…

lunes, 29 de junio de 2009

Tengo poderes

Por fin ha terminado la Copa Confederaciones, ese torneo entre las “mejores” selecciones del que la mayor parte de los españoles nunca habíamos oído hablar hasta este verano. Y ha terminado dentro de la mejor tradición de nuestra selección: Tras pasar con autoridad la fase de liguilla perdimos en un partido en el que dominamos contra un rival presuntamente inferior. Lo mismito que habría pasado en la Eurocopa si el partido contra Italia se hubiera decantado por los transalpinos en la lotería de los penaltis.

El caso es que la noche del viernes al sábado, soñé con el partido por el tercer y cuarto puesto, el España-Sudáfrica. A la mañana siguiente se lo conté a Dorami, así que ella pude dar fe de mis palabras. En mi sueño estábamos Dorami, mi padre y yo viendo el encuentro por la tele. Tras un buen rato de partido, en el que España se mostraba superior, se adelantaron los sudafricanos. Los ataques españoles arreciaron sobre la portería africana pero el gol no llegaba. Finalmente, en una jugada en el área, uno de nuestros delanteros se revolvió entre un grupo de defensas y consiguió la igualada. El acoso español continuaba pero mi padre se cansó del partido y apagó el televisor diciendo que aquello era un rollo. Entonces apareció el general Rojo, el jefe del Estado Mayor Central del Ejército Republicano durante la Guerra Civil. Rojo me dijo que podía irme a Sudáfrica a jugar con la selección. Parece ser que estábamos en guerra. Mi padre, Dorami y yo nos pusimos muy contentos, naturalmente: Resulta bastante más arriesgado para la salud luchar en una guerra que jugar un partido de fútbol, por muy leñeros que sean los defensas del equipo contrario. Dicho y hecho, volé a Sudáfrica para incorporarme a la selección y, cuando llegué allí, Del Bosque me comentó que íbamos ganando 2-1 y que me preparase para saltar al campo. Al poco de entrar en el terreno de juego, uno de nuestros delanteros, creo que Villa o Güiza, protagonizó una jugada personal por la izquierda. Disparó un tiro cruzado que superó al portero pero que parecía destinado a perderse por la línea de fondo a la derecha de la portería. Pero ahí estaba yo, que llegando desde atrás metí el pie y envié el balón al fondo de las mallas. ¡GOL! ¡GOL! ¡¡¡GOOOOOOOL!!! El gol de la tranquilidad había llegado. ¡España ganaba 3-1! ¡Soy la leche, soy una máquina, soy un héroe! ¡Florentino me va a fichar por una cantidad absolutamente obscena de dinero!

Una vez leído el resumen del partido en Marca (no, no lo vi; Dorami y yo volvíamos de Pedraza, donde habíamos estado pasando el fin de semana) podemos establecer que tuve un sueño premonitorio, “ergo” tengo poderes. Veamos las evidencias:

1. Sudáfrica se adelantó en el marcador.
2. España remontó posteriormente con dos goles.
3. Güiza marcó el primer tanto de España disparando entre tres defensas.
4. España consiguió finalmente tres goles.
5. La selección española ganó el partido.

Cierto es que en la realidad España necesitó la prórroga para doblegar a Sudáfrica y que los sudafricanos marcaron un gol más que en mi sueño, pero tendréis que admitir que esto no reduce ni un ápice mis capacidades premonitorias: la culpa fue de Del Bosque, que no confía en mis poderes y no me sacó al campo.

viernes, 22 de mayo de 2009

Cursos de verano y cursos de entretiempo

El año pasado Dorami y yo estuvimos en los cursos de verano de la UNED, en Plasencia. Ella hizo un curso sobre psicología y cine y yo otro sobre el ejército español en la Edad Moderna. La experiencia fue muy positiva: además de escuchar de primera mano a especialistas sobre estos temas, visitamos una ciudad preciosa en la que nunca habíamos estado y conocimos a un grupo de gente muy majo con los que lo pasamos estupendamente. Así que este año hemos decidido repetir, aunque esta vez nos trasladaremos a Ávila. Dorami se ha apuntado a un curso llamado “Ética española actual” y yo a "Imágenes de la Edad Media".

El miércoles, cuando me confirmaron desde la secretaría de los cursos que nuestra matrícula estaba admitida, aproveché para ir a hablar con mi señorito sobre las vacaciones. Cuando le comenté lo de los cursos, me dijo: “Vaya cursos más raros hacéis”. ¿¿¿??? Para cursos raros los que se imparten en la Junta: “Pensamiento eficaz”, “Fundamentos de gestión de servicios con ITIL”, “Procedimiento administrativo”… ¿Quién en su sano juicio se apuntaría a un curso de esos si no fuese por los puntos?

Ese mismo día coincidió que Dorami tenía que recoger los resultados de unos análisis de sangre. Como el laboratorio está al lado de donde suelo ir a desayunar, me ofrecí, naturalmente, para ir a recogérselos. Pero luego empecé a darle vueltas a la cabeza y me dio por pensar que no me los iban a entregar. Al fin y al cabo no podía acreditar de ninguna forma mi relación con ella, ni siquiera llevaba una autorización firmada. Y lo que me tenían que dar era un análisis, datos de carácter personal, vamos; de salud, que según la Ley de Protección de Datos son los más protegidos de todos.

Pues bien, yo llegué al laboratorio, que está situado en un piso, pasé sin llamar (según rezaba un cartel colgado en la puerta) y empecé a deambular por allí porque no había ni información ni recepción ni nada que se le pareciera. Pasé por unas cuantas habitaciones donde gente con batas blancas se afanaba junto a cachivaches de extravagante aspecto hasta que, al cabo de un rato, una chica me saludó y me preguntó que quería. Le pedí los análisis, ella me preguntó los apellidos y yo se los di (los de Dorami, claro). Se puso a rebuscar en dos cartapacios que tenían en una de las habitaciones del principio y ¡voila! “¿Dorami?”, preguntó ella, para confirmar el nombre. “Sí” (que mira que tengo yo pinta de Dorami, no sé si se pensaría que soy la mujer barbuda). Total, que salí de allí con los análisis bajo el brazo y el convencimiento de que la incomprensión de mis auditados cuando les hablo de protección de datos es de lo más normal, porque la mayor parte del Mundo mundial se pasa la Ley Orgánica de Protección de Datos por el forro.

Pero bueno, a lo que íbamos, lo de los cursos. El caso es que en mis paseos por el laboratorio di con el diploma de un curso cuyo tema no tuve más remedio que compartir con mi señorito y mis compañeros. Se trataba de unas “Jornadas científicas de fin de semana” y el tema de las mismas era, ni más ni menos, que la “Coprología”. Ignoro casi todo lo relativo a esa materia pero puedo afirmar sin dudar un momento que es un curso mucho más raro que mis cursos de la UNED, más incluso que los de la Junta. Ese sí que es, para que vamos a engañarnos, un auténtico curso de mierda.

lunes, 18 de mayo de 2009

La ventana indiscreta

Esto de tener una vecina cotilla es un chollo. La semana pasada iniciaron las obras de la acera de enfrente de nuestra casa. Claro, como no se dignan a avisar, pues yo tenía el coche allí aparcado, impidiendo que las obras pudieran avanzar. Cuando llegué del trabajo al medio día tenía mi cochecito acorralado entre cintas y vallas por doquier. Pero, eso sí, estaba a buen recaudo porque tenemos a una vecina que es como James Stewart en su indiscreta ventana vigilando nuestros coches, nuestras compras, nuestras compañías, nuestras entradas y salidas…


La tía me estaba esperando, porque sabe a que hora llego, y me dice que ya había hablado ella con los obreros para que tuvieran cuidado con el coche. Es más, ya tenía pensado ella un sitio donde poder aparcarlo. Bueno, hasta ahí todo bien. El problema es que el tributo a pagar por la “vigilancia” es muy alto. Efectivamente, le faltaba algún pequeño detalle sobre nuestra vida. Como si fuera una periodista del corazón, lo fue hilando todo perfectamente; además, yo, inocente de mí, poco a poco fui cayendo en su telaraña: ¿Y vosotros en qué trabajáis? ¿Y de dónde sois?... (hasta aquí todo bien) Pero de repente suelta el anzuelo (y yo pico, claro está): “¿Y tu esposo a qué hora llega?” Y digo: “no, si no es mi esposo, es mi novio”. “¿¡Estáis viviendo juntos sin estar casados!?” “Pues sí” –dije yo cada vez más apocada- En fin, en este punto ya estaba la suerte echada: empezó con toda una retahíla: “que si la juventud de hoy en día, que si no hay compromiso, que qué es eso de vivir en pecado sin la bendición de Dios…” Todavía estoy conmocionada, eso sí, a partir de ahora tenemos que cuidarnos bien de dónde dejamos el coche, pues no creo que nos lo cuide más… Bueno, a no ser que le cuente que el otro día cuando estuvimos en Úbeda casi nos casan. Venga, os lo voy a contar: el caso es que nos encontramos con una boda por el juzgado. Y yo, que soy muy cotilla, convencí a mi chati para meternos dentro y ver a los novios, los vestiditos de los invitados, las horteras de las amigas solteras de la novia… El caso es que nos quedamos tan obnubilados con los trapitos del personal que sin que nos diéramos cuenta fueron saliendo todos los invitados, exceptuando los novios y nosotros. Decidimos salir rápidamente, pero en cuestión de segundos nos vimos atrapados entre los novios (por delante) y el conserje del edificio (por detrás y ansioso por cerrar). El caso es que no nos quedó más remedio que salir justo detrás de los novios. Estoy convencida de que mucha gente pensó que era una boda doble, porque mi chati y yo íbamos de guapos… Habida cuenta de lo sucedido, estoy por decirle a nuestra vecina que estamos “prácticamente” casados. Todo sea por recuperar su confianza y, lo que es más importante, su vigilancia.

miércoles, 15 de abril de 2009

Surrealismo vaqueiro

La Comarca Vaqueira ocupa buena parte del Occidente asturiano. Está formada por los concejos de Cudillero, Valdés, Salas, Tineo y Allande, extendiéndose desde el mar hasta la Cordillera Cantábrica. Su nombre viene de los vaqueiros de alzada, grupo social que surge a partir del siglo XV en las montañas centrooccidentales de Asturias. Tradicionalmente se dedicaban a la cría de ganado vacuno y la arriería, practicando la trashumancia biestacional, “alzando” sus ganados, enseres y familias entre las brañas del interior y las brañas de la costa. Su aislamiento geográfico, su diferente modo de vida y la exención del pago de diezmos generaron constantes enfrentamientos con la Iglesia y el resto de los vecinos. Su supuesto origen étnico diferente generó todo un abanico de hipótesis que los sitúa como descendientes de moriscos, como infieles a don Pelayo o, incluso, como vikingos derrotados por Ramiro I en La Coruña.

No sé si veréis la serie Doctor Mateo. Yo no, pero, por lo que sé de series españolas, estoy seguro que se basa en una situación de tensión “sesual” no resuelta entre el protagonista (una suerte de doctor “Jaus” hispánico) y una hembra de buen ver pero un tanto borde, todo ello rodeado de una serie de tipos excéntricos que generan situaciones rocambolescas, surrealistas y presuntamente graciosas. La serie en cuestión está rodada en Lastres, en el Concejo de Colunga, en el Oriente asturiano. Pues hay que decir que en eso del surrealismo el Oriente no tiene nada que hacer. No sé si será la influencia de los vaqueiros, esa raza misteriosa, pero el caso es que cuando aparecemos por aquellas tierras para visitar a la familia de Dorami, nos pasan cosas de lo más chocante.

Llegamos el lunes de Semana Santa. La madre de Dorami parece creer que no existe la comida fuera de la Comarca Vaqueira; es posible que admita que también la hay en el vecino concejo de Cangas del Narcea pero, desde luego, no más allá, así que cuando vamos nos ceba como si no fuésemos a comer hasta la próxima vez que volvamos a Asturias. No es que me queje, la mujer cocina estupendamente, pero a veces la cantidad y variedad de comida resulta un poco excesiva. Tras la pantagruélica cena, Dorami y yo fuimos un rato al Jaybor, el pub local, a tomar un digestivo. Sus padres suelen bajar después de cenar al café a echar una partida de cartas; ese día terminaron anormalmente pronto y se marcharon a casa. Cuando subieron supusieron que nosotros estábamos cansados del viaje y nos habíamos ido a dormir, así que cuando llegamos nos encontramos con la puerta del portal cerrada y sin llaves. Como allí no se estila eso de los porteros automáticos probamos con el teléfono móvil. El móvil es un buen invento pero su mayor ventaja es al mismo tiempo su mayor inconveniente: lo puedes llevar a cualquier sitio y dejártelo, por ejemplo, en la otra punta de la casa. Habréis adivinado, por mis palabras anteriores, que no nos oyeron llamar. Entonces recurrimos a otro procedimiento más pedrestre pero más eficaz: pegar voces. Desafortunadamente Dorami no es capaz de emitir sonidos más elevados que los de una conversación tranquila pero yo, aun a riesgo de pecar de inmodesto, tengo una voz excelente. Bueno, no excelente en el sentido de cantar ópera, sino, más bien, en el de arrear cabras, pero bueno, para lo que nos interesaba, es de lo más apropiada. Así que allí estaba yo, en medio de la calle oscura, llamando a berridos a los padres de Dorami. Como no aparecían, arrecié mis gritos. Ella empezó a decir que íbamos a despertar a todo el vecindario y se escondió avergonzada detrás de unos coches. En esas estábamos cuando de pronto oímos: “Ustedes creen que estas son horas de ponerse a dar esos gritos por la calle”. La Guardia Civil. Por poco no acabamos en el cuartelillo. Finalmente logramos hacerles entender la situación y hasta nos ayudaron a buscar alguna piedrecilla que arrojar a la ventana del dormitorio. Tras mucho buscar, uno de los guardias civiles apareció con un taco de madera. Dorami lo lanzó y lo coló en el balcón de la habitación de sus padres. Ya pensábamos que tendríamos que buscar otro trozo de madera cuando apareció la madre de Dorami en bata preguntando: “¿Qué hacéis ahí?”

El Viernes Santo fuimos a comer a casa de los primos de Dorami. Por la tarde pensábamos pasarnos por Tineo, a ver al Moirazo tocar con los Eólicos. Por la noche había también verbena, amenizada por Héctor y Juanón, dos individuos que puede que a vosotros no os digan nada, pero de los que la madre de Dorami es muy fan. Después de comer empezó a granizar, así que llamamos al Moirazo que nos dijo que por allí estaban también cayendo chuzos de punta, por lo que no iban a poder tocar. Sin embargo los padres de Dorami y sus primos no perdonaban lo de la verbena, así que después de cenar nos plantamos en Tineo. Imaginad la escena: La plaza del Ayuntamiento, delante de este un pequeño escenario donde el gordo canta acompañado por el flaco al acordeón y los teclados. Al otro lado de la plaza quince o veinte personas (entre ellas nosotros) arrimados a un edificio que tenía una galería que sobresalía de la fachada. Entre ambos, una cortina de agua que parecía preludio del Diluvio Universal y dos parejas bailando bajo sendos paraguas.

Al día siguiente por la mañana fuimos a dar un paseo antes de comer. Para reponer fuerzas y por aquello de fomentar el consumo para combatir la crisis nos metimos en el chigre de Pepe para tomarnos un vinín (no es necesario que nos dé las gracias, señor presidente). Al salir Dorami da un salto hacia atrás, gritando: “¡Un bicho! ¡Un bicho!” Yo me adelanté pensando que había visto una cucaracha, una araña… Pues no. Encaramada en el banco que hay frente a la puerta del bar, un águila de considerable tamaño me miraba ceñuda. Luego vimos que estaba atada con una cadena. Al parecer su dueño había salido de paseo con su águila y, como se le había antojado un vino, se metió en el chigre dejando el águila en el banco como quien va a comprar el pan con el perro y lo ata a una farola en la puerta de la panadería.

Si esto no es surrealismo, que venga el doctor Mateo y lo vea.

viernes, 9 de enero de 2009

John Connolly: Novela negra con toques sobrenaturales

Lo primero de todo, desearos feliz año. Sí, ya sé que llevamos bastantes días de este 2009 pero, como dicen en Gálvez: “Hasta San Antón, Pascuas son”.

Tras unas Nochebuena y Nochevieja en familia en Madrid y unos días en Asturias con Dorami y su familia, volvemos al duro trabajo y a la ardua labor de mantener Castilla-La Monda en la punta de lanza de la necedad mundial. Mi estancia en Asturias, entre el largo viaje en autobús y esas gélidas tardes-noches, me ha dejado bastante tiempo para leer por lo que, previsoramente, me llevé un par de libros que Marramiaú me dejó la vez que estuvieron visitándonos en Toledo. Se trata de dos libros del escritor irlandés John Connolly al que conozco, precisamente, porque fue ella quien me lo recomendó. Son las últimas novelas que ha escrito de la serie del detective Charlie “Bird” Parker. Como Marramiaú está totalmente enganchada a esta serie, no pudo esperar a que salieran en cristiano, así que se las compró en el idioma de “Sespir”. Yo leo bastante fluidamente en inglés pero, lógicamente, me cuesta bastante más esfuerzo que en español, así que me daba pereza ponerme con ellas. Estas Navidades han sido el momento para leerlas.

El personaje principal de la serie es un detective privado, el ya mencionado Charlie Parker, un hombre torturado por los remordimientos por no haber podido evitar las muertes de su mujer y su hija, asesinadas por un maniaco. La serie se mueve en general dentro de los parámetros de la novela negra: asesinatos, desapariciones, casos de abuso de menores… en los que el protagonista se ve envuelto en parte por casualidad, en parte por un impulso justiciero atizado por el asesinato de su familia. Lo que hace peculiares a estas novelas es el toque sobrenatural que flota sobre todas ellas: espíritus, videntes, ángeles y demonios… En la mayor parte de los casos este elemento es solo secundario en la trama, pero en algún caso, como en la novela “El ángel negro”, es el elemento principal. Precisamente, relacionado con esta novela, he encontrado este vídeo en YouTube en el que John Connolly nos guía en una visita turística a un lugar fundamental en la trama, el Osario de Sedlec, en la República Checa. Un sitio que, por la pinta, merece la pena visitar.



En ocasiones se ha acusado a este escritor de recrearse excesivamente en la narración de escenas violentas. También se dice que algunas veces decae el ritmo de la narración. Esto sí me parece cierto, Connolly parece excesivamente aficionado a ponerse a reflexionar sobre la oscuridad de la vida y la maldad del ser humano, en vez de dejar sus opiniones de manifiesto simplemente con el desarrollo de la trama.

De todas formas es una lectura bastante recomendable, si en vosotros se aúna el gusto por la novela negra y el género fantástico, como es mi caso. Aquí os dejo la página del autor en Tusquets Editores, que es la casa que publica sus novelas en España.

lunes, 20 de octubre de 2008

¡Está… VIVO! ¡Ja, ja, ja, ja!

Corría el frío invierno del 2004. La pequeña ciudad de provincias hibernaba bajo una gruesa manta de nieve y escarcha. Un joven funcionario, que acababa de obtener una plaza en la Administración, se fue a vivir a la ciudad. Como el funcionario ocupaba tan solo un modesto puesto base, disfrutaba de jornada continua, por lo que pasaba las tardes cultivando cuerpo y mente. Vamos, que me metía unas siestas de pijama y orinal (pues no otro que yo era el joven funcionario y no era otra que Toledo la ciudad de provincias). Algunos días, antes de que el sueño me venciera, oía unos lúgubres aullidos provenientes de alguno de los otros pisos del bloque. Eran unos gritos antinaturales, algo así como: “¡Ggga! ¡Ggga! ¡Ggga!” Al principio no sabía a qué atribuirlos, ya que me parecía que semejantes gemidos no podían salir de garganta humana. Pensé (como estos toledanos son tan raros) que pudiera ser que alguna de las familias que ocupaban los otros pisos sufriese una cruel maldición, por la cual el primogénito nacía como una ser grotesco y bestial, al que mantendrían encerrado bajo siete llaves. Lanzaría esos aullidos cuando alguno de sus hermanos entrase en su habitación para llevarle agua y las sobras con las que lo alimentaban y vaciar el cubo en el que hacía sus necesidades. El monstruo le atacaría cegado por el odio y la sed de sangre que caracterizan a este tipo de criaturas y su hermano menor lo repelería con un aguijón para el ganado que portaría como defensa. Como con esos berridos no había dios que durmiera, me levantaba y me iba al salón o a la otra habitación, que es donde estudio y donde tengo el ordenador.

Un día, estando yo acostado, comenzó de nuevo a aullar el monstruo. Me di la vuelta, fastidiado, y decidí permanecer en la cama para ver si terminaba pronto con sus gritos. Al cabo de un rato me percaté de que, por debajo del sonido de los gemidos, se escuchaba un ñic-ñic que parecía propio de muelles. Momentos después, mientras estaba imaginando a qué podía deberse ese sonido, me dieron un susto que casi me hace saltar el corazón del pecho: Una voz inequívocamente masculina lanzaba unos ¡ah!, ¡ah!, ¡ah! que fácilmente podrían oírse hasta en Madrid. Parecía que el tío, o bien estaba teniendo el orgasmo de su vida o se había pillado el miembro con la puerta. Pues ni una cosa ni la otra, porque a esa tarde siguieron otras muchas, con mi consiguiente hilaridad ante semejante demostración orgásmico-operística. Solo me quedaba una duda: ¿Quién sería el objeto de las atenciones de nuestro Tarzán del sexo, o sea, el citado monstruo? Otro hombre, un camello, un ñandú… Desde luego no parece una mujer, pensaba. Si yo estoy pin-pan con una mujer y empieza a emitir esos sonidos, del miedo que me entra, trinco mi ropa bajo el brazo, salgo corriendo en bolas escalera abajo y no paro hasta Zocodover. Craso error: Una tarde el monstruo se interrumpió un momento en su horrísona cantinela para gemir con voz femenina: "¡Qué gusto! ¡Qué gusto!"

Cuando Dorami y yo empezamos a salir y vino por primera vez a mi casa, se lo conté, para que no la pillase desprevenida y no saliese de allí corriendo, como alma que lleva el Diablo, sumida en el pánico. Luego me confesó que no me había creído, que pensó que era un exagerado, hasta que un día que había venido a comer lo oyó y se horrorizó.

Pero bueno, como a todo se acostumbra uno, al final nos acabamos haciendo al monstruo. Cuando Dorami se vino a vivir conmigo, siempre que los oía me llamaba y los dos nos reíamos juntos, mientras ella murmuraba: “No me lo puedo creer…” Además, la historia del monstruo acabó convirtiéndose en un clásico en las cenas con nuestros amigos.

Hasta este verano.

Este verano, un día caímos en que hacía mucho tiempo que no oíamos al monstruo. Pasaron los días y el monstruo no daba señales de vida. Como en nuestro bloque hay muchos apartamentos alquilados y mucho movimiento de inquilinos, pensamos que tanto ella como su vocilguero “partenaire” se habían trasladado. Una lástima. Ya hasta les habíamos cogido cariño.

El jueves pasado yo estaba tranquilamente estudiando Arte Contemporáneo en la habitación del ordenador cuando, de pronto, Dorami se pone a darme voces desde el salón: “¡Ven, corre!” Eran ellos de nuevo. ¡El monstruo está VIVO y ha vuelto! ¡Ja, ja, ja, ja!

miércoles, 15 de octubre de 2008

Toledo en tinieblas

El pasado fin de semana han estado visitándonos la colaboradora de este blog antes conocida como Marramiau y su Chi-co. Como ya habían venido varias veces en Toledo, realizaron una visita que podría calificarse de panorámico-gastronómica (vamos, que hemos ido a muchos bares y nos hemos dado bastantes paseos). Además ha servido para que conozcan de primera mano como se sentían las gentes del Medievo cuando los elementos se desencadenaban a su alrededor. Imaginaos: Una ciudad medieval, de calles empedradas, estrechas y retorcidas. Orgullosos palacios de piedra junto a casonas que vieron tiempos mejores. El viento sopla huracanado, cae un pináculo del Alcazar, tejas de la Catedral… ¿Está Dios enfadado con la ciudad a causa de aquel desfile profano durante las festividades del último Corpus? ¿O es acaso cosa del Diablo? Los canónigos de la Catedral lo discuten acaloradamente. Entonces, repentinamente, cesa el viento. Todos miran hacia el cielo, expectantes, esperanzados, temerosos… La espera es rota por un fortísimo trueno, como si hubiesen estallado las mismísimas puertas del Infierno. Parece la señal para el comienzo del diluvio. La lluvia es tan espesa que no se ve la casa de enfrente. Las calles se convierten en torrentes. Un grupo de supersticiosos habitantes que se habían reunido alrededor del fuego en una taberna (la “Taberna de Livingstone”, supongo), buscando en la cerveza casera y el aguardiente el valor que la tormenta les había arrebatado, ven como el techo se hunde sobre ellos, derramando una cascada sobre el salón. Las luces se apagan por toda la ciudad. Cuando la lluvia amaina un ápice, un grupo de valientes, o de locos, abandona la seguridad del hogar y se arriesga por las calles en busca de un carruaje que los aleje de esta ciudad fantasmal, prisionera de las tinieblas…

Como Toledo no es siempre así, un pozo de oscuridad y superstición, sino que normalmente es una ciudad preciosa y que merece la pena conocer, voy a recomendaros un par de sitios donde podéis ir si os pasáis por aquí.

En primer lugar una visita cultural: San Juan de los Reyes, erigida por los Reyes Católicos como templo votivo, residencia palaciega real y panteón de su dinastía. Fue edificada en estilo isabelino, como la cartuja de Miraflores y la Capilla Real de Granada, que no es mas que una forma convencional de llamar a la fusión entre el gótico final con elementos mudéjares. Su iglesia es de una sola nave cubierta con bóveda de crucería gótica al estilo alemán. A sus pies está situado el gran coro y sobre el crucero se levanta un cimborrio octogonal sobre trompas, con grandes ventanales que le dan una luminosidad poco habitual. Hay que destacar también el rico claustro de dos pisos, uno de los más importantes de España. La decoración de todo el convento destaca por su riqueza y originalidad. Se utilizan sobre todo motivos decorativos vegetales, epigráficos (herencia del arte musulmán) y heráldicos. Destacan entre ellos el haz de flechas, divisa de Isabel, el yugo con el nudo gordiano, alusión a Fernando, y el lema de este último: “Tanto monta”. Finalmente, debido a que el cabildo de la catedral primada rechazaba que esta iglesia sirviese como lugar de enterramiento para los reyes y a la incomodidad de Toledo, con sus estrechas y enrevesadas calles, sus cuestas y su falta de plazas, la ciudad perdió el aprecio de los monarcas que marcharon a Granada pero, a cambio, nos dejaron la que es considerada iglesia más bonita de Toledo.

En segundo lugar una parada gastronómica: la Terraza de Recaredo. Situada en lo alto de la Cuesta de Recaredo, junto a la Puerta del Cambrón. En verano allí montan una terraza muy “fasion”, donde se reúne el Toledo más “in”. En primavera u otoño puedes picar algo mientras disfrutas de, probablemente, las mejores vistas del Toledo nuevo. Hace poco ha cambiado de dueños y la verdad es que ha mejorado enormemente. Los camareros son amables y medianamente competentes, no como antes. En cuanto a la carta, no es demasiado extensa, pero sí suficiente y muy ecléctica: El tradicional "venao" y el asadillo se codean con el wok de gambas y fideos chinos, todo ello muy rico y a un precio bastante ajustado para lo que es esta ciudad. Una buena elección para compartir una cena a base de picoteo con unos amigos.

viernes, 3 de octubre de 2008

Delta Green: Amnesia (capítulo 2)

Por fin puedo ofreceros la segunda parte de “Delta Green: Amnesia”. El fin de la jornada de verano en el curro, con lo que me toca hacer unas cuantas tardes por semana, la vuelta a los libros de texto, que Dorami ya ha acabado con los horarios del instituto y ha redescubierto que tiene una vida y quiere compartirla conmigo… Todo eso está conspirando para acaparar todo mi tiempo y evitar que pueda ofreceros un nuevo capítulo de la serie favorita de América (me encantan estas chorradas). Y cuando, además, retomemos la natación, los bailes de salón y tengamos clase de escritura teatral (nos hemos apuntado a un taller que va a impartir aquí, en Toledo, José Luis Alonso de Santos) no me va a quedar tiempo ni para rascarme. Por si fuera poco, como el sábado estuvimos viendo Hamlet me ha vuelto el gusanillo del teatro y estoy dándole vueltas a la posibilidad de apuntarme a un taller de interpretación con Denis Rafter. Si de esta no muero de un infarto será porque debido a la recolocación de puestos políticos tras la crisis de gobierno en Castilla-La Mancha, me han quitado mi comisión de servicios y me han devuelto de una patada a mi plaza, con lo que no tendría que hacer tardes.

Bueno, volvamos a la serie: Habíamos dejado a Tania y Jennifer huyendo de la Policía tras entrar, reventando la puerta, en la casa de su tío, el difunto profesor Christie, donde habían ido buscando alguna pista sobre las causas de su muerte. ¿Serán capaces de descubrir quien lo mató y por qué? ¿Recuperará Jennifer la memoria?


Como habréis visto, la serie continua con subtítulos. Tengo intención de, cuando termine los tres capítulos, corregir algunos errores y doblarla. Dorami se ha prestado a ayudarme con el doblaje de los papeles femeninos y en el foro del juego también hay quien se ha ofrecido para esa tarea. Pero esto, como podéis deducir por lo que comento en el primer párrafo, es una tarea que va para largo.

jueves, 8 de mayo de 2008

La maldición del número 13

A mediados del mes de febrero comenzamos a pensar donde nos íbamos a ir durante el puente de mayo. Nos apetecía ir a París; Dorami no lo conoce y yo estuve allí dos días de paso hace ya diez años. Cuando empezamos a buscar avión para ir se nos ocurrió una idea: ¿Por qué no ir en tren? Hay un tren-hotel que sale de Chamartín a última hora de la tarde y llega a París por la mañana. Nos pareció de lo más romántico y también práctico: Estaríamos en París a primera hora de la mañana del día 1 sin necesidad de llegar el día antes o de pegarnos un madrugón de órdago a grande, a chica, a pares y a juego. El problema fue que ya, casi tres meses antes de esas fechas, no había billetes. Como ya se nos había metido entre ceja y ceja el asunto del tren, se me ocurrió que podíamos cambiar el destino de nuestro viaje e ir a Lisboa, adonde también viaja un tren-hotel, el Lusitania Express. Dorami tampoco conoce Lisboa y a mí es una ciudad que me gusta mucho y a la que me apetecía volver.

Dicho y hecho: A principios de marzo (Renfe saca todos sus billetes a la venta 60 días antes de la fecha de salida del tren, excepto el de París, ya es casualidad) compramos nuestros billetes en el Lusitania. En ese momento no nos dimos cuenta de que el vagón en el que se ubicaban nuestras plazas era el número 13. Yo no es que sea supersticioso, pero tantos años de estudiante, luego de opositor y otra vez de nuevo de estudiante me han enseñado que la suerte existe y que es mejor tenerla de cara. Además no soy supersticioso porque trae mala suerte. Bueno, a lo que íbamos. Después de comprar los billetes del tren nos pusimos a buscar hotel. Vimos que ya había muchos que tenían todas sus habitaciones reservadas, así que entramos en una “güeb” de esas de viajes, Rumbo, y cogimos allí el hotel. Nosotros somos un poco paranoicos con esto de los viajes, pero como nos mandaron inmediatamente un correo de confirmación, el bono del hotel y la factura, supusimos que no había problema. Craso error.

Por fin llegó el 30 de abril, el día en que salíamos de Madrid. Cuando llegamos a la estación y nos fijamos en el billete el pánico se apoderó de nosotros. ¡Teníamos los billetes en el mismo vagón pero uno tenía la plaza 41 y otro la 45! ¡Dios mío! Vamos a tener que dormir separados… y lo que es peor, compartir un compartimento de las dimensiones aproximadas de una caja de cerillas grande con unos desconocidos. Dorami ya se veía durmiendo con Alí Babá (no me preguntéis de dónde se sacó eso de Alí Babá porque no tengo ni idea). Al final descubrimos que en el compartimento 4 estaban las plazas 41 y 45. ¿Cuál es la lógica de esta numeración? Si existe alguna aparte de provocarnos un ataque, se me escapa por completo.

Tras ocho horas de viaje llegamos a Lisboa. Medio dormidos nos metimos en un taxi en dirección a nuestro hotel y nos timaron miserablemente. Confiado debido a que las otras veces que había ido a Lisboa los taxistas resultaron gente seria y honrada, a pesar de su mala fama, no estuve atento. Al final, por no discutir, le dimos al taxista lo que nos pidió (una cantidad que tampoco era excesiva, pero que nos jodió pagar). Pero lo peor estaba por venir: Cuando llegamos a la recepción del hotel, entregamos el bono, el recepcionista empezó a mirar la pantalla del ordenador, miró el bono, volvió a mirar la pantalla y ¡resultó que no constaba que tuviésemos ninguna reserva en el hotel! El recepcionista llamó a la directora, estuvieron rebuscando, pero nuestra reserva no aparecía por ningún sitio. Llamamos a Rumbo y nos dijeron que nuestra reserva estaba perfectamente hecha. Los del hotel llamaron también a Rumbo y les dijeron que era posible que el error fuese de Viajes Urbis, un mayorista con el que trabajan la mayor parte de los hoteles portugueses, a los que ellos le pasaron nuestra información pero que no debieron reenviarla al hotel. La solución, para Rumbo, pasaba porque en el hotel nos dieran una habitación, que nosotros pagaríamos y que luego reclamáramos el dinero cuando volviésemos a España. Buen plan, excepto porque era puente tanto en Portugal como en España y Lisboa estaba hasta arriba de turistas, así que nuestro hotel estaba completo. Pedimos a Rumbo que nos buscase un hotel pero ellos nos dijeron que los que disponían del sistema de reservas de Portugal eran los de Viajes Urbis y estos tenían sus oficinas cerradas debido a la festividad (un mayorista de viajes cerrado por festivo, lógico, la gente no viaja los días de fiesta). Finalmente, a media mañana, cuando Dorami y yo ya empezábamos a rumiar las soluciones más rocambolescas, los del hotel se sacaron, no sabemos de dónde, una habitación para esa noche y nos dijeron que estaban a la espera de que se produjese una cancelación, lo que nos proporcionaría alojamiento para el resto del puente. Contando, por lo menos, con techo para esa noche, nos fuimos a dar una vuelta por la ciudad.

La verdad es que el hotel en el que estábamos era estupendo: nuevo, limpio, con un personal muy atento… pero el barrio dejaba mucho por desear. Basura a tutiplén por las aceras, gente de mala catadura deambulando por las calles, un chico cazando palomas con una navaja… Cuando íbamos hacia el centro nos sorprendió ver una chica negra aullando como loca en medio de la calle. Repentinamente se puso a golpear con saña una cabina telefónica. Tras unos cuantos golpes, echó a correr hacia nosotros, siempre gritando. Dorami y yo seguimos andando, como si aquello no fuera con nosotros, y afortunadamente pasó de largo por nuestro lado sin hacernos ni caso. Un poco más allá se sentó en el bordillo de la acera y se puso a llorar. Entonces un chico blanco corrió hacia ella, la agarró del cuello y empezó a chillarla mientras la zarandeaba. No sabemos si la estaba maltratando o intentando animarla de una forma bastante bestia (yo me decanto por la primera opción), pero estábamos tan acojonados que, haciendo caso omiso a las recomendaciones del “Gobierno de España” en cuanto a la violencia machista, salimos de allí echando leches y sin mirar atrás.

A la mañana siguiente nos levantamos muy positivos, estábamos convencidos que se solucionarían nuestros problemas. No podíamos estar más equivocados. Cuando bajamos a recepción nos dijeron que al final no tenían habitación que darnos para esa noche, así que, sintiéndolo mucho, tendríamos que abandonar el hotel por la tarde. Pasamos toda la mañana en el hotel, entre la recepción y la habitación, llamando a Rumbo e intentando decidir que hacíamos. Desesperada, Dorami se cambió los anillos de mano, una costumbre que dice que le trae suerte y que solo emplea en circunstancias graves: cuando a mí me operaron, en sus oposiciones… Fue mano de santo, nos llamaron de Rumbo, diciendo que ya se habían puesto en contacto con Urbis y que nos estaban buscando hotel. Finalmente, a la hora de la comida volvieron a ponerse en contacto con nosotros y nos dieron la dirección de dos hoteles en los que teníamos reservada habitación para las dos noches siguientes. Incómodo, pero por lo menos no tendríamos que dormir en la estación.

De ahí en adelante, todo nos fue bien y al final pasamos unos días muy divertidos en Lisboa. Tuvimos otras crisis, como cuando nos metimos a comer en un restaurante y aparecieron unos policías que se llevaron por la fuerza al dueño al interior del local, nuestro viaje con un taxista que se parecía a Donald Sutherland por su físico y a Fernando Alonso por sus adelantamientos, el interés que mostraban por mí los traficantes de droga del Barrio Alto… Pero finalmente la maldición del número trece se reveló impotente ante el poder del Anillo.

domingo, 6 de abril de 2008

Marramiau y el sexo

En breves momentos, en “Aquí hay gato encerrado”: Marramiau y el sexo.



El último fin de semana de marzo Marramiau, una de las colaboradoras habituales de este blog, fue sorprendida por reporteros de “Aquí hay gato encerrado” en El Burgo de Osma, donde acudió con su pareja para participar en las Jornadas Rito-gastronómicas de la Matanza.

La pareja llegó a la localidad soriana el viernes por la tarde y se alojaron en el hostal San Roque, en pleno centro. Después de dejar el equipaje en su habitación, una cuádruple que les fue ofrecida como cortesía del establecimiento, salieron para disfrutar de un romántico paseo bajo la luz de la luna. Las muestras de cariño que se prodigaron en todo momento permiten poner en duda los rumores sobre una crisis en su relación que les han acompañado en las últimas semanas.

A la mañana siguiente, tras visitar la catedral del Burgo, se encontraron con Dorami y Jajaja. Marramiau declinó hacer cualquier comentario sobre su posible relación con José Luis Rodríguez Zapatero. Recordemos que estos rumores surgieron debido a que el presidente del gobierno creció en León, lugar de residencia de Marramiau, y pasaba las vacaciones en su infancia en Gijón, ciudad en la que ella nació y donde vive su familia. ¿Estaremos ante el inicio de una crisis política al más alto nivel? ¿Será Marramiau la Carla Bruni española?

Tras un aperitivo a base de vino y torreznos en el Círculo Católico, las dos parejas se dirigieron a los salones del Virrey, donde tenían lugar las Jornadas. Allí los cuatro dieron buena cuenta del pantagruélico menú de dieciséis platos más entonantes y postres, todo ello regado con un excelente vino de la Ribera del Duero que corrió como si fuera agua. Al salir de la comida Marramiau insistió en subir a su habitación. ¡Uy, uy, uy, uy! ¿Será que el vino la ha puesto tontorrona? Marramiau y su Chi-co se separan de Dorami y Jajaja. ¿Esperará ella algo más de su pareja aparte de que le sostenga la puerta para pasar? Los dos se dirigen hacia su habitación, la suite 102, a través de un pasillo que recuerda por sus elegantes colores y adornos un burdel del oeste. ¿Qué encontraremos tras la puerta cerrada de su habitación? Muy pronto, después de la publicidad, en “Aquí hay gato encerrado”.



Marramiau y su Chi-co avanzan por el pasillo llave en mano hacia su habitación. Ella introduce la llave en la cerradura, abre y entra. Cuál no sería su sorpresa al encontrarse dentro de ella dos parejas de cincuentones que, en camas adyacentes, se encuentran “jugando a los caballitos”. ¡Que fuerte!

Marramiau farfulla una disculpa y sale rápidamente de la habitación. Mira su llave: Efectivamente, es la llave de la 102, la habitación en la que acababa de entrar. La confusión se resuelve en la recepción: Al parecer los empleados del hostal habían entendido que la pareja solo permanecería allí la noche del viernes, por lo que al limpiar la habitación recogieron el equipaje que tenían abierto sobre la cama, el libro de la mesilla, los neceseres del baño y la plancha del pelo y lo metieron en otra habitación cuádruple vacía.

En cuanto a las dos parejas que ocupaban la 102, cuando durante la noche del sábado se cruzaron por la calle con Marramiau, su Chi-co, Dorami, y Jajaja, cambiaron rápidamente de acera. ¿A qué viene este repentino ataque de vergüenza? Si ya hemos visto más de lo que hubiésemos querido ver. ¡Uy, uy, uy, uy!, ¿no se deberá su comportamiento a que, en vez de yacer cada oveja con su pareja, este cuarteto de cincuentones pone un poco de picante a su vida sexual a base de compartir como buenos hermanos? Y es que, la primavera la sangre altera.

viernes, 8 de febrero de 2008

Caducada, indocumentada, cabreada...

Hace varios días que tengo mi Documento Nacional de Identidad caducado. Eso no es noticia, no debo ser la única, y ahora entiendo la razón. Aprovechando que no tenía que trabajar en la mal llamada “semana blanca” (son sólo dos días: lunes y martes y, además, no es blanca porque nunca nieva), decidí pasarme la mañana del lunes 4 de febrero por la oficina de la Policía Nacional de Toledo donde se hacen los trámites del DNI (renovación, sustracción...) y del pasaporte. Por supuesto, antes de nada me hice las fotos para tal menester. Tengo que decir que salgo monísima, lo que es comprensible pues, inocente de mí, no tenía ni idea de lo que me esperaba y era una persona feliz, reluciente, convencida de que, como dice la canción, “hoy puede ser un gran día...” Bueno, hecho este trámite previo, sorteo el intenso tráfico de Toledo y llego a la oficina en cuestión. Dos policías (muy parecidos ambos a Barrilete el de Verano Azul) me recibieron con sorna y cachondeo:
-“¡Qué vienes a renovar el DNI!”.
-“Sí señor agente –le respondí a uno de ellos muy educada, yo-”
-“Ya, ¿y tienes número, bonita?”
-“No, ¿dónde lo puedo conseguir?”
(susurros, risas y cachondeo)
-“Pues hoy es imposible. Empezamos a darlos a las siete de la mañana, pero ya hay gente haciendo cola a las cuatro, con su mantica y todo”
(Yo, que no cabía en mí de asombro, empecé a pensar en el frío que hace en Toledo a esas horas, en lo bien que se está en la cama, en la funda nórdica...)
-“¿Quiere usted decirme que tengo que venir a esas horas, en las que todavía no están puestas las calles, para conseguir el número, para poder renovar mi DNI, para poder dejar de estar caducada...?”
-“Sí, contesto Telerriba –ahora ya había dejado de ser Barrilete en mi cabeza- con cierta sorna, y ni siquiera viniendo a esa hora podemos asegurarte de que pilles número...”

Me volví para mi casa como había salido: indocumentada y caducada. Bueno no, ahora también cabreada, pero muy digna, eso sí. Y también muy contenta de lo monísima que he salido en las fotos.

PD.: Por cierto, después de un día de reflexión se me ha ocurrido la siguiente solución: podría quedar con vosotros, nuestros blogistas-lectores, para hacer botellón un domingo que nos venga bien en la cola de la oficina de la Policía Nacional de Toledo (ya, ya sé que estamos hablando de hacer botellón ante la autoridad, pero como están tan entretenidos con eso de repartir números, seguro que no se enteran). Yo creo que es una idea estupenda: nos conocemos, nos echamos unas risas y, por si eso fuera poco, Dorami puede a ser una ciudadana actualizada, documentada y con un DNI de esos nuevos que se quedaría aún más reluciente con mi foto, porque no sé si he dicho que salgo monísima.

viernes, 18 de enero de 2008

Noches de fondue y rosas

El pasado fin de semana ha sido un fin de semana gastronómico para nosotros. Además de las fabas con conejo que ya os comenté en el artículo anterior que comimos el domingo, el sábado probó nuestro risotto nuestra comentarista Anónimo (a ver si te buscas un seudónimo más “glamuroso”, más a tono contigo misma) y el viernes vinieron a cenar otros amigos: María, Laura y Carlos.

La cena del viernes fue tipo campestre: tortilla de patatas, chorizos a la sidra, empanada, champiñones, pastel de cabracho… En principio habíamos pensado hacer una fondue, ya que precisamente ellos nos habían regalado una en el cumpleaños de Dorami. Lo que pasa es que, como no la habíamos hecho nunca, preferimos hacer una como prueba solo para nosotros dos la noche antes de que Dorami se marchara de vacaciones de Navidad.

Pensamos hacer una fondue de carne, así que compramos carne de ternera, de pollo, mostaza, salsa con ajo, ketchup… Hicimos 4 ó 5 salsas y nos pusimos a preparar la fondue. Mientras calentábamos el aceite del caquelón (el cazuelo) en la cocina, yo me puse a encender el mechero. Lo llené de alcohol y luego intenté encenderlo con una servilleta de papel a la que había prendido fuego. Resultado: la servilleta prendió como la yesca pero el alcohol nada de nada. Así que me vi obligado a tirar la servilleta al suelo donde la apagamos a pisotón limpio. Gracias a Dios tenemos suelo de terrazo. Recogí las cenizas con el cogedor y les eché un poco de agua pero, como Dorami no se fiaba de que estuviesen bien apagadas, me las llevé para tirarlas al water. No sé exactamente por qué, pero al entrar en el servicio, con las luces apagadas, la mitad del contenido se fue al suelo transformándolo en algo parecido a una pista de hielo.

Finalmente Dorami fue capaz de encender el mechero. Había algunas llamitas sobre la superficie exterior, seguramente debidas a algunas gotas de alcohol que habían caído allí al rellenarlo; se apagarían cuando se consumiesen las gotitas, pensamos. Así que colocamos el mechero dentro del soporte y el caquelón encima. Empezamos a comer la carne, felices como cochinitos con lo bien que nos estaba saliendo nuestra fondue, pero al poco tiempo nos dimos cuenta que verdaderas llamaradas estaban saliendo de la parte de abajo del caquelón. El recipiente se estaba ennegreciendo cuando decidimos retirarlo de encima del soporte: me protegí las manos con un guante de cocina y un trapo y, con el trapo ardiendo, pues lo habían prendido las llamas que ya sobrepasaban en altura al caquelón, me lo llevé a la cocina. Una vez puesto a salvo de las llamas el aceite, fui al servicio a echarme un poco de agua y crema hidratante en los dedos que me había quemado ligeramente con el trapo ardiente y casi me mato al resbalar en el agua con cenizas que se me había caído antes.

Como el mechero tiene un asita, así como la de una sartén, intenté cogerlo por ella para llevármelo también a la cocina. Resultado: me quedé con la parte de arriba, la que utilizas para reducir el paso de oxígeno y así hacer la llama más pequeña, en la mano. La cazoleta con el alcohol, abierta al aire, ardía con más fuerza si cabe. Una escena dantesca, algo así como esto:



Así que tomamos una decisión, la más dura para un jefe de bomberos ante un siniestro: “Dejemos que arda, ya se apagará cuando no quede nada que quemar”. Apartamos el soporte ardiente, freímos la carne en una sartén y nos la comimos a la luz de las llamas. Al final, hasta tuvimos una cena romántica y todo.

A la mañana siguiente recuperamos lo que quedaba de la fondue: unos restos ennegrecidos, con la pintura saltada, deformados… Fueron directos a la basura. Ese fue el final de nuestra fondue.

P.D.: releyendo esta última frase me ha parecido que podía dar la impresión de que queremos que nos regalen otra fondue. Aviso a navegantes: al que se le ocurra semejante idea, le meto ese cacharro infernal por…

viernes, 14 de diciembre de 2007

De puente a puente y tiro porque me lleva la corriente

Hace unos días fue el llamado puente de la Constitución. ¿Dónde fuisteis Dorami y tú?, nos preguntaréis, pensando que nuestro espíritu viajero nos habrá empujado a paradisíacas playas o legendarias ruinas. Pues ni lo uno ni lo otro (bueno, más de lo segundo sí, como veréis). Este puente, dijimos, nos quedamos en casa. Ya está bien de gastar pasta, que la vida está muy “achuchá”.

Eso nos propusimos. El jueves, al menos, lo cumplimos. Comidita en casa, fabada preparada por Dorami, que por cierto le salió riquísima, con visita de Raquel e Iván. El viernes ya rompimos un tanto nuestros propósitos. Bajamos a Madrid a hacer algunas compras y nos encontramos con un maremágnum de gente. Al final tuvimos suerte y no necesitamos esperar demasiada cola en ningún sitio.

El sábado, por lo de no vamos a pasarnos el día encerrados en casa, sí que salimos de viaje. Cortito, a Segóbriga, en la provincia de Cuenca cerca de Tarancón. Segóbriga era una antigua ciudad romana cuyos restos excavados forman ahora parte de la red de parques arqueológicos de Castilla-La Mancha. Hay un centro de recepción de visitantes, donde te explican un poco como era la ciudad y las piedras. Entre estas destacan, por lo bien conservadas, el anfiteatro, con una capacidad para unos 5.000 espectadores, y el teatro, bastante más pequeño, y es que a los romanos eso del Teatro… ¡puf! Lo que más les gustaba eran, al parecer, las farsas y algunos espectáculos seudopornográficos. Vamos, que se nota que somos descendientes suyos. A los romanos probablemente les hubiera encantado el Tomate. Volviendo al tema: en resumen, que Segóbriga es un sitio curioso. ¡Ah! Y en el cercano pueblo de Saelices hay un restaurante (que nos recomendó nuestra amiga Yasmina), las Termas de Segóbriga, donde se come de vicio. Recomiendo especialmente la caldereta de cordero.

Por la tarde aprovechamos para ir a Uclés. El monumento más destacado de este pueblo es el monasterio de la Orden de Santiago, un grandioso edificio que se te aparece de pronto al coronar una loma. Si pasáis cerca no dejéis de acercaros, aunque sea para verlo desde fuera.

A nuestra vuelta a Toledo estuvimos cenando y tomando una copa con Antares y Lady H, que se acercaron viernes y sábado a nuestra ciudad. Supongo que un reportaje sobre su visita estará al caer en Viaje a las Pléyades, su blog.

El domingo (ya se termina el puente, ¡oh, que pena!) fuimos a casa de mis progenitores, a que Dorami probara las migas de mi padre. Luego, por la tarde, estuvimos en el cine, viendo El orfanato. Como esta película no es ninguna novedad no me voy a extender demasiado con ella. Solo decir que es entretenidilla pero no demasiado original. A mí me pareció una mezcla de Los otros y Poltergeist.

Así que ese fue nuestro puente. Pensábamos que tendríamos unos días tranquilos y al final casi no paramos en casa.

lunes, 3 de diciembre de 2007

Cocido y violencia en Camarenilla

Estaba yo el jueves pasado comiendo tan ricamente con unos compañeros en la Finca Valdespinos, en el pueblo toledano de Camarenilla, poniéndonos hasta las trancas de cocido y migas, cuando fuímos testigos de hechos que nos estremecieron hasta los tuétanos.

Como decía, estabamos nosotros comiendo tranquilamente, cuando de pronto oímos dos tremendos golpes en la puerta del comedor. Un momento después un individuo sudamericano, bien trajeado, apareció corriendo y gritando:

- ¡Llamen a la policía! ¡Nos atracan! ¡Nos van a matar a todos!

En ese momento algunos pensaron que es venía a avisarnos porque nos iban a atracar a los que estabamos en el comedor. A mí no se me ocurrió, la verdad. Pero el tío continuaba:

- ¡Tienen secuestrada a mi mujer y mi hija! ¡Que alguien haga algo!

Y salió corriendo seguido por un grupillo de los que estaban en el comedor. Yo, me quedé sentado, tan ricamente porque, pensé, esa gente que atraca no es buena. A ver si vamos, con la tontería, a tener una desgracia. Yo soy una persona con mucho que perder: vivo con una mujer a la que quiero y que me quiere, soy funcionario fijo del grupo A, tengo un coche pagado y una casa a medio pagar... A buscar aventuras que vayan los interinos y los que trabajan en la privada que, al fin y al cabo, para la vida que llevan...

Pues eso, que yo me quedé en el comedor y al cabo de un rato los aventureros comenzaron a volver. Nos contaron que cuando llegaron al aparcamiento, los atracadores habían salido corriendo con su coche. Un par de personas habían cogido la matrícula. Al parecer a la mujer y a la hija no les había pasado nada, lo único que a la mujer le habían quitado los papeles.

A partir de ahí empezó la rumorología. Se habló de un ajuste de cuentas porque una cocinera había salido cuando empezó el jaleo y los atracadores la apuntaron con una pistola y la dijeron que volviera dentro o se la cargaban. Se añadió a lo del ajuste de cuentas que era por un tema de protitución, al parecer por la pinta que tenía la supuesta mujer (?). El "experto" era un chaval que hablaba de la prostitución con mucho conocimiento de causa. Quizá ha pasado un par de veces en coche por delante del "Conejo de la Suerte". Al fin y al cabo, el otro día vi en la tele a un tipo que decía que sabía que Eva Sanum continúa enamorada del "Prínzipe" porque él se ha cepillado a un montón de danesas y suecas. Otros eran partidarios de que el tipo era un gancho, para que la gente llamara a la Policía y medir cuanto tiempo tardaban en llegar allí, con vistas a un posible atraco futuro a todos los clientes del restaurante. El remate fue cuando alguien comentó, espero que en broma, que él había pensado que nos había invadido el ejército venezolano, por lo de Chávez y el Rey.

Un cuarto de hora o veinte minutos más tarde apareció la Benemérita y el "experto" se fue hacia ellos raudo cual cohete. Hablaron con alguna gente. Dieron una vuelta y se largaron. Y así hicimos nosotros: de vuelta a la civilización. Atrás quedó el episodio más emocionante de la semana pasada. Por eso os lo cuento. Lo del sexo tántrico tendrá que esperar a otro día.

Por cierto: muy ricos, tanto el cocido como las migas.

jueves, 25 de octubre de 2007

Mira quien baila

Mañana Dorami y yo tenemos nuestra tercera clase de bailes de salón. En la primera comenzamos con el merengue, poniendo luego en práctica esta lección, como ya os contó Dorami en el artículo anterior, en la boda de Ana y Jaime. Para aquellos de vosotros que no sois aficionados a mover vuestro esqueleto al son de ritmos latinos, aquí os dejo un vídeo para que os hagáis una idea de cómo es este baile:



En la segunda clase repasamos el merengue y nos dedicamos también a la salsa y a su prima hermana, la rueda cubana. Yo creo que lo del merengue se me da medio bien porque es un ritmo binario (1, 2, 1, 2, 1, 2…) y la deformación profesional ayuda, pero eso de la salsa: 1, 2, 3, parada, 4, 5, 6, parada… ¡puf! A mí, realmente, la salsa que me gusta es esta.

Ya os iré contando como van nuestros progresos con el merengue, la salsa y, por supuesto, otros bailes que practiquemos próximamente, como el mambo, el tango y el pasodoble acrobático.

“¡ASÚCAR!”

domingo, 5 de agosto de 2007

Vacaciones en Bélgica (no en Castellón)

A los "cuatro gatos" que andéis por los tejados queremos daros una grata noticia, al menos para nosotros: ¡nos vamos de vacaciones! Esperamos pasárnoslo muy bien y traer un montón de cositas que contaros a la vuelta. Mientras tanto, no olvidéis supervitaminaros y mineralizaros, y mantener nuestro blog "vivo" con vuestros comentarios. Mucho chocolate, mucha cerveza, muchas aventuras y mucho amor. Todo esto y mucho más, a la vuelta. Y como dicen que dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición, Dorami (y también Jajaja) se despide con un vídeo friki donde los haya.


domingo, 15 de julio de 2007

Curso de verano en Alcalá la Real

Hola, niños y niñas. Como habréis leído en el artículo anterior de mi compañera de piso acudimos al primer fin de semana del Festival de Teatro de Almagro. ¿Qué ha sido de nuestra vida desde entonces? Entre ese fin de semana y el siguiente, en que nos trasladamos a Alicante a una boda (por cierto, desde aquí reiteramos nuestros buenos deseos a Juanma y Eva) previo paso por el solar de mis mayores, por vía paterna (Carchelejo, en la provincia de Jaén), yo me consagré al estudio y la diversión en un curso de esos que organizan las universidades cuando aprietan los calores. La elección recayó en un curso de mi actual universidad, la UNED, celebrado en Alcalá la Real y que llevaba por título: “Magia y religiosidad en la España Moderna” (la España Moderna es la de los Reyes Católicos a Carlos IV, no la de ZP, aclaro).

En cuanto al curso no voy aquí a explayarme ya que, posiblemente, dedicaré dentro de poco un articulillo “cultureta” a su contenido, así que aquí me centraré en la ciudad de Alcalá la Real y la excelente acogida que nos dispensó.

Alcalá la Real es un municipio de algo más de 20.000 habitantes al sur de la provincia de Jaén, ya lindando con Granada, en la comarca de la Sierra Sur. Su situación estratégica frente a la vecina Granada motivó que Alfonso XI fundara allí una abadía que situó bajo protección real y que marcaría con el transcurso del tiempo la vida de la ciudad. Testimonio de esta época de gloria son la Iglesia Mayor Abacial y el Palacio Abacial, donde, por cierto, tenían lugar los cursos.

Yo llegué el lunes por la mañana y me dirigí al hotel donde había reservado habitación: el Hotel-Hospedería Zacatín. A mí me gustó: bastante nuevo, las habitaciones están limpias, situado en el centro de la ciudad (enfrente del Palacio Abacial) y el personal es muy amable y muy simpático. A las cinco comenzamos el curso con el consabido acto de presentación a cargo de dos prebostes de la UNED en Jaén, la alcaldesa de Alcalá, Elena Víboras, y el director del curso, Carlos Martínez Shaw, catedrático de la UNED y académico numerario de la Real Academia de Historia. Tras este acto, las dos primeras clases, tras las cuales el Ayuntamiento ofreció un cóctel-merendola para que los participantes en el curso fuéramos conociéndonos. El cóctel terminó a altas horas de la noche en el pub L@Lola (creo que se llamaba así) que fue nuestro local nocturno de referencia durante el resto del curso.

El martes, después de las clases, nos ofrecieron la posibilidad de conocer la “Ruta de los Milagros”. La razón de ser de esta ruta viene de la existencia de los llamados “santos”: hombres de la zona a los que se atribuían poderes curativos y proféticos. Yo conocía su existencia por mi padre (que como recordaréis es también jienense): a un primo suyo, que tenía poliomelitis, le llevaron a ver al santo Custodio (uno de los “santos” más conocidos) y al poco tiempo se curó. Cerca de donde el santo Custodio iba a rezar habían levantado una ermita que la Iglesia oficial atribuyó a la Virgen de la Cabeza y donde, aun hoy, acude gran número de fieles a realizar peticiones a la Virgen y al santo Custodio. La ermita, por cierto, está situada en un lugar precioso, un balcón natural sobre la sierra donde nos sirvieron una sencilla (aunque excelente) cena a base de queso, jamón, pan y aceite, todo ello regado por abundante sangría.

El miércoles teníamos tarde libre en el curso, así que aprovecharon para ofrecernos una visita guiada a la Alhambra. Yo he estado varias veces en la Alhambra, la última hace un par de años o tres, pero, por supuesto, me apunté. Hasta que me aburra de ver la Alhambra me queda, al paso que voy, que pasen un par de vidas.

El jueves la visita correspondió a la propia Alcalá la Real, uno de los escasos lugares de la provincia de Jaén que me quedaban por conocer y que me sorprendió gratamente. Visitamos el museo municipal, situado en el Palacio Abacial, el Ayuntamiento, la Iglesia de las Angustias (muy curiosa su nave central y su bóveda), la de la Consolación y la de San Juan (donde visitamos un pequeño pero interesante museo de religiosidad popular). Y por supuesto la Fortaleza de la Mota, que domina la ciudad, donde estuvimos visitando las excavaciones arqueológicas, realizamos una cata de los vinos de la zona y luego nos ofrecieron un pincheo para que recuperáramos fuerzas tras la visita a la ciudad.

El viernes fue el día de las despedidas. Tras la entrega de diplomas y el cóctel-comida de despedida, llegó el momento de la separación. Atrás dejamos a un estupendo grupo de compañeros, a los profesores que han compartido su sabiduría y alguna que otra copa de vino con nosotros, a la gente del Ayuntamiento y de la UNED que han trabajado mucho para que pasáramos una excelente semana (y que además se venían con nosotros de juerga) y, por supuesto, a Alcalá la Real: una ciudad que nos recibió con los brazos abiertos, una gran desconocida que recomiendo vivamente que visitéis.

Aquí os dejo la página del Ayuntamiento de Alcalá la Real, para que os ilustréis sobre cómo llegar, qué visitar, dónde alojarse...

lunes, 9 de julio de 2007

Teatro y berenjenas

El último fin de semana de junio, Jajaja y yo estuvimos en el Festival de Teatro de la ciudad de Almagro. Vivimos unas jornadas con ese tipo de calificativos que nos gustan a los dos: culturales, gastronómicas, festivas, románticas… Llegamos a Almagro el viernes 29 a la hora de la comida. Encontramos con relativa facilidad la Hospedería Convento de la Asunción, lugar donde nos hospedamos y también comimos. Ambas actividades son recomendables en este establecimiento, que tiene la peculiaridad de los lugares austeros y sencillos pero, al mismo tiempo, distinguidos. A última hora de la tarde nos encontramos con un buen amigo que, además de ser lugareño, es un gran erudito y apasionado del arte. Con él recorrimos las calles de Almagro. Visitamos iglesias, el museo del Teatro, el Corral de Comedias, la casa-palacio de los Fugger... También, como no, “El rincón del monaguillo”, lugar en el que, desde nuestro “tendido”, disfrutamos de una cena “de oreja y vuelta al ruedo”. Como no podía ser de otra manera, fuimos al teatro. Tuvimos la suerte de poder asistir al estreno de la obra de Rojas Zorrilla “Del rey abajo, ninguno”. Bajo la dirección de Laila Ripoll, la Compañía Nacional de Teatro Clásico nos hizo disfrutar durante unas dos horas de un espectáculo en el que se funde música, bailes e historias de palacios y aldeas. Tras el teatro, una copa, en un patio precioso, en una compañía estupenda. Pero no sólo de cultura vive el hombre, al día siguiente tomaba peso la parte gastronómica. El lugar elegido fue uno de los restaurantes más conocidos de la ciudad: El Corregidor, referencia fundamental de la nueva cocina manchega, así como de la tradicional. Está situado en pleno corazón de Almagro, muy próximo a la Plaza Mayor, junto a la Iglesia de San Bartolomé. Para bajar la comida, qué mejor que unirnos al desfile de gigantes y cabezudos venidos de diferentes ciudades españolas. Todo ello amenizado, como no podía ser de otra manera, por la “Banda de Música de Almagro”. Teatro, música, cultura, gastronomía, viaje, amigos, berenjenas…

El Festival dura hasta el 22 de julio, así que aún estáis a tiempo de ir. Aquí tenéis su página web, donde podéis consultar la programación.