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martes, 16 de diciembre de 2008

De tapas por Toledo

El pasado martes fue la entrega de premios de las Jornadas de la Tapa de Toledo, a las que hice referencia en algún artículo anterior. Tras un duro proceso de investigación y arduas deliberaciones, Dorami y yo nos hemos puesto de acuerdo en conceder los siguientes premios:

Primer premio al Caprichito (Plaza de la Merced, 3, frente a la Diputación) por sus canelones de rabo de toro deshuesado estofado a la antigua. Exquisitos, como todo a lo que nos tienen acostumbrados en este local de reciente apertura pero que ya se ha ganado un lugar de honor en nuestras rutas gastronómicas toledanas: sus raciones de solomillo, de presa ibérica, sus huevos “rompidos”, sus brochetas de chipirones y gambas… Otra oportunidad para probar sus especialidades es en el desayuno, el otro día pasamos por allí a esa hora y Santi, el propietario, me sorprendió con un titánico, a la par que delicioso, pincho de tortilla de patata y calabacín. Dice que pronto va a empezar a dar comidas, así que teniendo en cuenta que me pilla muy cerca de la Consejería va a ser un lugar que tendré muy en cuenta cuando vaya a trabajar por las tardes.

Segundo premio a Santa Brava (Avenida de América, 18) por su milhoja de verduras con espuma de pisto manchego y gelatina de Coca-Cola. Aunque lo de la Coca-Cola es absolutamente prescindible, al estar colocada en un extremo del plato no perjudica para nada al resultado final de esta tapa, que resultó muy sabrosa a pesar de ser vegetariana. Esta cervecería es también un buen lugar donde tapear en el barrio de Santa Teresa y tiene la reputación (cierta, por lo que a nosotros respecta) de ser el bar en el que mejor se tiran las cañas de Toledo.

Tercer premio al 31 (Ronda de Buenavista, 31) por su cabrito asado en su redaño con ajoblanco, miel y vino cencibel. He de admitir que conmigo el que haga asado ya tiene un montón de puntos ganados, pero éste además es que estaba muy rico. Un local que ya destacó en la edición anterior de estas jornadas y que en esta ocasión no queríamos perdernos. Así que junto con nuestros amigos Raquel e Iván estuvimos dando una vuelta por la Buenavista y, dado que es una zona por donde no solemos salir, nos sorprendió gratamente su ambiente. Una posible alternativa al Casco y a Santa Teresa para salir a tomar algo.

Hay que decir que los premios concedidos por el jurado oficial no tienen nada que ver con los que nosotros hemos dado pero, ¿a quién vais a hacer vosotros caso: a esa panda de abrazafarolas o a Dorami y a mí, honra y prez del tragonismo patrio? Pues eso.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Ana Alcaide

El martes pasado estuvimos Dorami y yo en un concierto que dio Ana Alcaide en el Círculo de Arte de Toledo enmarcado dentro del II Festival de las Dos Orillas. Compartía cartel con la cantante marroquí Ilham Loulidi pero a la que íbamos a escuchar casi todos los asistentes es a Ana, que se ha convertido en casi una institución en Toledo. Aunque madrileña de nacimiento, lleva siete años viviendo en esta ciudad y es aquí donde ha desarrollado toda su producción musical. No es raro encontrarla en los alrededores de la Catedral tocando su viola de teclas, un instrumento de origen sueco que ella ha integrado en la música tradicional española. El resultado es espectacular, a las pruebas me remito:



En el Círculo de Arte estuvo arropada, aparte de por Carlos Beceiro, productor y miembro de La Musgaña, por un grupo de extraordinarios músicos que nos ofrecieron un concierto inolvidable en el que Ana nos presentó las canciones de su último disco, al que pertenece la canción de este vídeo musical (grabado, por cierto, íntegramente, en Toledo):



Aquí os dejo, también, por si os interesa, su página web donde encontraréis información sobre sus discos y sus conciertos, así como enlaces a las páginas de MySpace de sus dos discos, donde podéis encontrar alguna canción más.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Toledo en tinieblas

El pasado fin de semana han estado visitándonos la colaboradora de este blog antes conocida como Marramiau y su Chi-co. Como ya habían venido varias veces en Toledo, realizaron una visita que podría calificarse de panorámico-gastronómica (vamos, que hemos ido a muchos bares y nos hemos dado bastantes paseos). Además ha servido para que conozcan de primera mano como se sentían las gentes del Medievo cuando los elementos se desencadenaban a su alrededor. Imaginaos: Una ciudad medieval, de calles empedradas, estrechas y retorcidas. Orgullosos palacios de piedra junto a casonas que vieron tiempos mejores. El viento sopla huracanado, cae un pináculo del Alcazar, tejas de la Catedral… ¿Está Dios enfadado con la ciudad a causa de aquel desfile profano durante las festividades del último Corpus? ¿O es acaso cosa del Diablo? Los canónigos de la Catedral lo discuten acaloradamente. Entonces, repentinamente, cesa el viento. Todos miran hacia el cielo, expectantes, esperanzados, temerosos… La espera es rota por un fortísimo trueno, como si hubiesen estallado las mismísimas puertas del Infierno. Parece la señal para el comienzo del diluvio. La lluvia es tan espesa que no se ve la casa de enfrente. Las calles se convierten en torrentes. Un grupo de supersticiosos habitantes que se habían reunido alrededor del fuego en una taberna (la “Taberna de Livingstone”, supongo), buscando en la cerveza casera y el aguardiente el valor que la tormenta les había arrebatado, ven como el techo se hunde sobre ellos, derramando una cascada sobre el salón. Las luces se apagan por toda la ciudad. Cuando la lluvia amaina un ápice, un grupo de valientes, o de locos, abandona la seguridad del hogar y se arriesga por las calles en busca de un carruaje que los aleje de esta ciudad fantasmal, prisionera de las tinieblas…

Como Toledo no es siempre así, un pozo de oscuridad y superstición, sino que normalmente es una ciudad preciosa y que merece la pena conocer, voy a recomendaros un par de sitios donde podéis ir si os pasáis por aquí.

En primer lugar una visita cultural: San Juan de los Reyes, erigida por los Reyes Católicos como templo votivo, residencia palaciega real y panteón de su dinastía. Fue edificada en estilo isabelino, como la cartuja de Miraflores y la Capilla Real de Granada, que no es mas que una forma convencional de llamar a la fusión entre el gótico final con elementos mudéjares. Su iglesia es de una sola nave cubierta con bóveda de crucería gótica al estilo alemán. A sus pies está situado el gran coro y sobre el crucero se levanta un cimborrio octogonal sobre trompas, con grandes ventanales que le dan una luminosidad poco habitual. Hay que destacar también el rico claustro de dos pisos, uno de los más importantes de España. La decoración de todo el convento destaca por su riqueza y originalidad. Se utilizan sobre todo motivos decorativos vegetales, epigráficos (herencia del arte musulmán) y heráldicos. Destacan entre ellos el haz de flechas, divisa de Isabel, el yugo con el nudo gordiano, alusión a Fernando, y el lema de este último: “Tanto monta”. Finalmente, debido a que el cabildo de la catedral primada rechazaba que esta iglesia sirviese como lugar de enterramiento para los reyes y a la incomodidad de Toledo, con sus estrechas y enrevesadas calles, sus cuestas y su falta de plazas, la ciudad perdió el aprecio de los monarcas que marcharon a Granada pero, a cambio, nos dejaron la que es considerada iglesia más bonita de Toledo.

En segundo lugar una parada gastronómica: la Terraza de Recaredo. Situada en lo alto de la Cuesta de Recaredo, junto a la Puerta del Cambrón. En verano allí montan una terraza muy “fasion”, donde se reúne el Toledo más “in”. En primavera u otoño puedes picar algo mientras disfrutas de, probablemente, las mejores vistas del Toledo nuevo. Hace poco ha cambiado de dueños y la verdad es que ha mejorado enormemente. Los camareros son amables y medianamente competentes, no como antes. En cuanto a la carta, no es demasiado extensa, pero sí suficiente y muy ecléctica: El tradicional "venao" y el asadillo se codean con el wok de gambas y fideos chinos, todo ello muy rico y a un precio bastante ajustado para lo que es esta ciudad. Una buena elección para compartir una cena a base de picoteo con unos amigos.