Estos días estoy de exámenes en la UNED. Esto de estudiar Historia creo que te proporciona una cierta perspectiva: mirad como estábamos en el siglo XVII, por ejemplo, una época en la que España estaba en manos de políticos corruptos e incompetentes, con unas finanzas en números rojos e intentando mantener un papel a nivel internacional para el que no estaba capacitada y mirad como estamos ahora.
Cuando vine a vivir a Toledo, hace cinco años, uno de los primeros lugares a donde fui fue a la Biblioteca de Castilla-La Mancha, que está situada en el Alcázar. Por aquel entonces, el edificio estaba en plenas obras de remodelación para alojar el Museo del Ejército. Uno de los guardias me comentó que la apertura de éste estaba prevista para el año 2008. Pero los años pasaron y tras varios aplazamientos, algunos con excusas que bordeaban el insulto a la inteligencia de los ciudadanos, el pasado lunes 19 se produjo, por fin, la esperada inauguración.
El jueves quedé con mi amigo David para dar una vuelta por el Museo. Se nos unió un amigo suyo que, en perjuicio de la claridad expositiva, se llama también David. Al Museo se accede por la parte nueva, un edificio adosado al Alcázar en estilo bonista. El estilo bonista debe su nombre al anterior presidente de la Junta de Castilla-La Mancha y hoy ídem del Congreso, José Bono, y en él se encuentran construidos buena parte de los edificios públicos de la región. Básicamente un edificio bonista es un mazacote de hormigón con estrechos ventanucos, como si fuera un bunker, y diseñado sin prestar el más mínimo interés a las personas que van a trabajar en su interior. Os podéis figurar que ese mamotreto pegado al Alcázar le sienta como a un Cristo dos pistolas. Espero que esa parte nueva tenga más funciones que la de albergar la pequeña sala de exposiciones temporales, por que si no su construcción no tiene perdón de Dios ni de los santos. Eso sí, me gusta la forma en la que han resuelto las excavaciones arqueológicas que han realizado junto al Alcazar y que se encuentran dentro de este edificio, una gran hipóstila (que pedante me ha quedado esto) donde puedes apreciar cisternas romanas junto con una torre albarrana de la fortaleza Trastámara, una traída de agua andalusí…
La colección permanente está en el edificio del Alcázar propiamente dicho. El edificio en sí ya merece la pena la visita, con su patio central en el que destaca una copia del famoso bronce de Pompeo Leoni: Carlos V dominando al Furor. La colección está dividida fundamentalmente en dos bloques, uno que plantea un recorrido histórico por el ejército español desde tiempos de los Reyes Católicos hasta el siglo XX y otro formado por diferentes colecciones temáticas: de uniformes, de miniaturas, de fotografía, de armas… Nosotros nos decantamos por empezar con el recorrido histórico pero, a pesar de realizarlo a una velocidad bastante considerable, nos quedamos a mediados del siglo XIX. Y es que la colección es verdaderamente impresionante por su tamaño. Afortunadamente, los estudiantes tenemos entrada gratuita cualquier día de la semana (también los profesores), así que no tendré problema en volver tantos días como me hagan falta.
He de admitir que a mí se me pasó el tiempo que estuvimos allí volando, aunque, claro, en ello puede influir mi pasión por la Historia militar. Aún así le encuentro varios puntos que no me gustaron. Me parece que en el recorrido del Museo se da excesivo peso al dato, al protagonista, a la fecha y poco a los procesos y a las razones que impulsaron a los ejércitos por los caminos que tomaron. Por ejemplo, la revolución militar que se produce a inicios de la Edad Moderna es, en mi opinión, fundamental a la hora de entender la Historia militar. Pues no hay ninguna referencia a ella. No sé si explicar estas cosas en un museo resulta muy complicado, no tengo ni idea de museística, pero al menos podrían haber hecho el intento. Otra cosa que me llamó la atención fue que las salas me parecieron muy pequeñas y los pasillos, en ocasiones, claustrofóbicamente estrechos. Algunas de las reproducciones de batallas que, aunque mejorables, son muy interesantes, están colocadas en unos cuartuchos que no creo que puedan albergar más de 5 ó 6 personas. Por otra parte, en algunas ocasiones, como en la reproducción de la batalla de Almansa, se han producido simplificaciones bastante toscas de la Historia, como esa presentación de la Guerra de Sucesión prácticamente como una contienda entre Castilla y Aragón. También detectamos una errata bastante sangrante en uno de los carteles de la exposición temporal, en el que se situaba a Alfonso VI en la batalla de Alarcos, sucedida casi 100 años después de su muerte. Lógicamente se referirían a Alfonso VIII, pero ese tipo de errores da una impresión de que los textos se han realizado deprisa y corriendo, sin las revisiones que creo son necesarias en una institución que presume de estar entre los tres mejores museos militares del Mundo.
De todas formas el Museo merece la pena, así que, por si os animáis a visitarlo aquí os dejo su página web donde tenéis toda la información necesaria para organizar vuestra visita.
Hace un par de semanas Dorami y yo estuvimos, otro año más, en los cursos de verano de la UNED. Dorami estuvo haciendo uno sobre los retos de las ciudades en el siglo XXI o algo así, en el que, por lo que me contaba, se pasaban el día hablando de corrupción urbanística. El mío fue sobre el Duque de Lerma que, como veréis, tampoco era ajeno a ese tema.
Francisco de Sandoval y Rojas, primer duque de Lerma, primer marqués de Cea y quinto marqués de Denia pertenecía a una familia de la alta nobleza castellana. Los territorios que formaban el patrimonio familiar les fueron arrebatados debido a una mala elección de bando durante la endémica guerra civil que asoló Castilla durante la mayor parte del siglo XV. A cambio, en pago por los servicios prestados, les fue concedido un título aragonés, el condado de Denia. Lo malo era que este condado, por obra y gracia del enrevesado sistema feudal de rentas, aunque aupaba a los Sandoval a las primeras filas de la nobleza de la Corona de Aragón, no les proporcionaba más que escasos ingresos. Posteriormente, Fernando el Católico elevó Denia a la categoría de marquesado y su nieto Carlos V concede a los Sandoval la Grandeza desPAÑA. Así que la familia del futuro valido de Felipe III alcanza un puesto entre la más alta nobleza del reino pero, por desgracia, carece de los ingresos para mantener el nivel de vida que les exige semejante posición. ¿Como resuelve esto cualquier noble de la época que se precie? Endeudándose, claro.
Cuando Francisco de Sandoval tiene 21 años, muere su padre, lo que le convierte en cabeza de su casa, una casa, por otro lado, endeudada hasta las cejas. Afortunadamente para él, gracias a sus maneras de excelente cortesano y su (aparentemente sincera) religiosidad, fue seleccionado para formar parte de la casa del futuro rey Felipe III. Algunos historiadores sostienen que Lerma fue para Felipe III el padre que nunca tuvo, ya que Felipe II, por aquellas fechas tenía edad para ser más bien abuelo que padre suyo. Así, con la subida al trono del nuevo rey, Francisco de Sandoval se convierte en su hombre de confianza. Un hombre de confianza perteneciente a una de las familias de más rancio abolengo de la Monarquía Hispánica pero que se ha visto continuamente asediado por agudos problemas económicos. No parece una buena combinación. Por si esto fuera poco, Sandoval no tiene prácticamente ninguna experiencia de gobierno, un par de años como virrey de Valencia y para de contar. Sus exquisitas maneras, su conocimiento de la Corte, sus habilidades como bailarín… no parece que lo capaciten demasiado para ser el hombre más poderoso de un imperio que se extendía por cuatro continentes. Con esto no quiero decir que fuera tonto, no. Al fin y al cabo, mantenerse en el poder durante 20 años en una corte como la de los Austrias, que era un nido de víboras, exige considerables dosis de habilidad e inteligencia. Una buena muestra de su inteligencia es el diseño y ejecución de, con toda probabilidad, la mayor operación de especulación urbanística de la historia desPAÑA.
En 1601, el ya duque de Lerma convence a Felipe III para llevar la capital de Madrid a Valladolid. Naturalmente, una capital necesita un palacio real, edificios oficiales, residencias para altos dignatarios… Lerma, llevado sin duda por su afán de servicio público, había realizado con anterioridad numerosas compras de bienes inmuebles en la ciudad castellana, inmuebles que, tras el traslado de la Corte, pone a disposición del Rey y el resto de los nobles, naturalmente a cambio de una compensación monetaria, por las molestias causadas. Vamos, que el tío se hace de oro a costa de los otros nobles y de la hacienda del reino. Como no debe saber que hacer con tanta pasta, Lerma, entristecido por el triste panorama que ofrecía el mercado inmobiliario madrileño tras la partida de la Corte, se dedica a comprar en la Villa. Cuando en 1606, el Rey (sin duda guiado por sus nada interesados consejos) decide la vuelta de la Corte a Madrid, Lerma se encuentra con que el valor de sus recientemente adquiridas propiedades se multiplica.
¡Muérete de envidia, Cachuli! ¡Roca, eres un aprendiz! ¡El Duque de Lerma sí que era un especulador de verdad! El tío trasladó no una, sino dos veces la capital de el país más poderoso del Mundo para revalorizar sus propiedades. ¡A ver quien puede presumir en la extensa historia de la estafa urbanística española de semejante hazaña! Su autor merece, sin duda, la entrada en el Olimpo de los “Jrandes desPAÑA” por la puerta grande y con alfombra carmesí, como modelo e inspiración para todos los consejeros y concejales de urbanismo corruptos que pueblan esta gran nación llamada EsPAÑA.
Hace unos años (bastantes) a unos cuantos colegas del grupo de teatro de la Universidad nos dio por un juego de tablero, el Republic of Rome. En dicho juego los participantes toman el rol de miembros del Senado de la Antigua Roma, dirigiendo la vida política de esta ciudad-estado: alianzas y contra-alianzas, sobornos, traiciones, trasfuguismo, asesinato político, corrupción, obstruccionismo… Todo con un solo objetivo, convertirse en el primer hombre de Roma, ya sea gracias a la popularidad y la influencia sobre las masas o al poder de tus legiones. Sin olvidar la función del Senado como órgano de gobierno de un imperio que se expande rápidamente y que, al hacerlo, cada vez cuenta con más enemigos internos (esclavos rebeldes, populacho descontento…) y externos (cartagineses, germanos, pónticos…). Así pues los jugadores deben luchar entre sí para acumular cada vez más poder y popularidad pero sin olvidar que deben colaborar para evitar que Roma caiga y los bárbaros se enseñoreen de la Ciudad Eterna. Un equilibrio nada fácil, os lo aseguro; nosotros no conseguimos en ninguna partida que la República sobreviviera, lo que no habla demasiado bien de nuestra capacidad política. En resumen, un juego emocionante, divertido y muy fiel a la realidad histórica.
Lamentablemente, ya en aquellos momentos el juego estaba completamente descatalogado y se pagaban verdaderas fortunas por un ejemplar en buen estado. Una pena, porque es posiblemente el mejor juego al que he jugado y me hubiera gustado mucho tenerlo.
Hasta el año pasado. Una compañía canadiense, Valley Games, se había hecho con los derechos del juego y estaba preparando su reedición. Miles de jugadores que lo habíamos probado en alguna ocasión estábamos expectantes ante la posibilidad de poder hacernos con un ejemplar. El problema es que los chicos de Valley Games son famosos por su escasa capacidad para cumplir sus propias fechas de entrega, así que la salida programada para primavera del 2009 se ha alargado hasta bien entrado este año. Pero, como dice el refrán: “no hay mal que por bien no venga”. Recientemente, la empresa Edge anunció una traducción española del juego para agosto de este año. Dado que es un juego ya suficientemente complicado, no viene nada mal que cartas, tablero y demás estén ya cómodamente traducidos al hispano en lugar de tener que leerlos en sajón. Por eso me voy a esperar al próximo verano para comprarlo en la edición española. Espero que en Edge sean más formales que en Valley Games porque no veo hora de conducir a mis fieles legiones sobre Roma y decir a mis compañeros de partida: “Vae uictis!”.
Por si os interesa aquí os dejo las páginas de Valley Games y Edge sobre el juego y también la página del mismo en Board Game Geek, un sitio web de referencia en lo que a juegos de tablero se refiere.
Por fin han empezado a salir las notas del primer parcial. La primera asignatura de la que me han aparecido las calificaciones ha sido de Historia de España (1808-1874) donde he conseguido un 9,5 que me ha sorprendido enormemente (y también gratamente).
Precisamente en unos textos que tenemos que leer en esta asignatura me he encontrado con un “presonaje”, Pedro Cevallos, que creo merece la creación de una serie (como la de Mis “mostruos” favoritos, que ya lleva la friolera de dos artículos). La serie en cuestión se va a denominar “Jrandes desPAÑA” y en ella tendrán cabida grandes personajes históricos que han hecho de la Nación de Naciones lo que es hoy (“una casa de putas pero de mucha risa”, como decía el inmortal, y sin embargo fallecido, Ivá).
Pedro Cevallos Guerra fue un estadista (por llamarle algo) de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Nacido en 1764 en San Felices de Buelna (Cantabria) su ascenso a la alta política le llegó con su matrimonio con una prima de Godoy. Tras una temporada en la que el valido fue apartado del poder, Godoy recuperó el favor real y consiguió aupar a su primo político a ministro de Estado (una especie de presidente del gobierno de la época) de forma que él pudiera seguir controlando el gobierno entre bambalinas. Pero pronto Cevallos demostró su talento para la supervivencia política: se enfrento a Godoy, cuya estrella comenzaba a declinar, y se aproximó al príncipe Fernando (el futuro Fernando VII) que encabezaba el partido contrario al valido. Así, tras el motín de Aranjuez y la entronización de Fernando VII, nuestro héroe fue nombrado ministro por el nuevo rey. Poco le duró el cargo, ya que tanto Fernando como su padre, Carlos IV, fueron atraídos por Napoleón a Bayona donde, tras ofrecer un lamentable espectáculo trágico-cómico, cedieron sus derechos a la corona de España al emperador de los franceses. Napoleón entonces los traspasó a su hermano José, que bajo el nombre de José I llegó a Madrid a hacerse cargo del gobierno del país. ¿Y quién figuraba entre sus ministros? Premio: el incombustible Cevallos. Pero poco después de llegar José I a la capital tuvo lugar la derrota francesa de Bailén que causó una desmedida (e injustificada) euforia entre las filas españolas y el pánico en la Corte, que abandonó Madrid a toda prisa.
Cevallos, entonces, se pasó al bando patriota y ofreció sus servicios a la Junta Central, que lo nombró embajador de España en Londres. De allí pasó al Consejo de Estado, puesto que le fue ofrecido por las Cortes de Cádiz en 1812. En 1814 se produce el regreso de Fernando VII al trono, la reinstauración del absolutismo y la represión de todo aquel que oliese mínimamente a liberal. Naturalmente (¿acaso lo dudabais?) Cevallos consiguió volver al favor real y obtuvo una nueva plaza en el gobierno del “Deseado”. Lamentablemente su talento político no estaba a la par de su adaptabilidad, siendo su mayor obra su negativa a firmar la paz de París debido a la incapacidad de España para llevar a cabo con su ejército cualquier tipo de acción contra un posible resurgimiento de la revolución en Francia. El ejército era necesario para mantener la paz interior del reino, al menos hasta que la situación miserable en la que los sucesivos gobiernos fernandinos lo colocaron empujó a buena parte de la oficialidad a las filas liberales. Por presiones del partido ruso y a causa del desacierto con el que había llevado el asunto de la boda del rey fue destituido, pero, a cambio, fue nombrado embajador en Nápoles y en Viena.
Tras el pronunciamiento de Riego y la reinstauración del régimen liberal, Cevallos volvió de nuevo al Consejo de Estado. Quedó en el ostracismo tras la segunda restauración absolutista, lo que no deja de tener su mérito, considerando la saña con la que Fernando persiguió a los liberales. Finalmente, tras la muerte del rey, durante la regencia de María Cristina, fue nombrado prócer en las Cortes del Estatuto Real. Cevallos, sin duda agotado por el ejercicio de trapecismo que fue su vida política, declinó tal honor y se retiró a un convento a esperar la muerte.
Aquí termina la historia de Pedro Cevallos: un camaleón político, un profesional del sillón, un tránsfuga con clase (no como Tamayo y Sáez), un “jrande desPAÑA”.
Los campos de batalla forman parte de la Historia. Quizá sean una parte que no nos gusta, pero eso no nos autoriza a pasarla por alto y mucho menos a olvidarla. El país que olvida su Historia está, en el mejor de los casos, indefenso ante los manipuladores que buscan sustentar sus propios puntos de vista en una versión de la Historia manufacturada para la ocasión. En el peor de los casos, corre el riesgo de repetirla. Por eso me fastidia que en un país donde la llamada Ley de Memoria Histórica es una cuestión de actualidad, abandonemos monumentos vivos a la Memoria, como son los campos de batalla, y nos centremos en polémicas estériles que tienen más que ver con nuestras propias ideologías políticas que con la España de nuestros abuelos.
Hace un par de fines de semana, Dorami y yo con un par de amigos nos acercamos a Morata de Tajuña a visitar la zona en la que tuvo lugar la batalla del Jarama, en la que aun quedan multitud de restos de las antiguas fortificaciones que se erigieron durante y después de la batalla. La batalla del Jarama, además del interés particular que tiene para mí, ya que uno de mis abuelos luchó en ella, tiene una importancia fundamental en la Guerra Civil Española. Esta batalla marca un punto de inflexión en la forma de entender la Guerra Civil de ambos contendientes: hasta entonces en ambos bandos predominaba la idea de una guerra corta, que terminaría antes de finales de 1937; a partir de ella, se adivina en el horizonte una conflagración larga, dura y sangrienta. En el aspecto militar, el Jarama representó el primer banco de pruebas en el que se emplearon muchas de las armas y tácticas que se utilizarán en la II Guerra Mundial: las granadas de piña, los ataques de fuerzas acorazadas en masa, los combates de aviación… Por último, en el aspecto humano, la batalla del Jarama representa una visión reducida de lo que será la siguiente Guerra Mundial: hombres de cincuenta y cuatro nacionalidades se batirán en los campos del sur de Madrid.
Esta batalla se produce tras el fracaso del ejército nacional al intentar tomar Madrid mediante un ataque frontal. La estrategia franquista cambia, a partir de entonces se va a intentar completar el cerco de la capital cortando todos sus accesos. Para ello la carretera de Valencia era fundamental, ya que se trataba de la principal arteria que unía Madrid con la ciudad levantina, en la que por aquel entonces estaba instalado el gobierno republicano, y era el acceso más importante para los transportes que abastecían la a la considerable población, entre combatientes y civiles, que abarrotaba la capital.
El plan franquista consistía en un movimiento envolvente dirigido hacia Alcalá de Henares que cortaría la carretera de Valencia a la altura del pueblo de Rivas y el puente de Arganda. Las tropas nacionales serían dirigidas por el general Varela, militar de ideología carlista, poseedor de dos Cruces Laureadas de San Fernando y considerado uno de los generales más capaces del Ejército Español. El ataque tuvo que retrasarse varios días, hasta el 6 de febrero, debido a las fuertes lluvias, lo que provocó que el campo de batalla quedara cubierto de una espesa capa de barro. El primer ataque desbordó completamente las defensas republicanas; los sublevados, encabezados por la caballería y las tropas moras cruzaron el Jarama por los escasos puentes disponibles. Pero finalmente el ataque fue contenido en el altiplano que separa los valles del Jarama y el Tajuña por tropas republicanas que estaban preparadas para una abortada operación sobre Brunete. Allí la ofensiva se empantanó en un sangriento intercambio de ataques y contraataques. A finales de febrero, la batalla terminó por el agotamiento de ambos contendientes que, debido a la fiereza de los combates, carecían ya de reservas para explotar una posible ruptura del frente. La batalla había durado tres semanas y había provocado unas 16.000 bajas entre ambos bandos. Tras la batalla ambos bandos se dispusieron a fortificar el frente, que permaneció estable hasta el final de la Guerra.
Podría decirse que la batalla del Jarama acabó en empate, aunque los dos bandos reivindicaron la victoria. Los franquistas tomaron posiciones en la otra orilla del Jarama, desde las cuales tenían la carretera de Valencia a tiro de la artillería, lo que obligó a desviar el tráfico en algunos tramos. Los republicanos, por otra parte, impidieron que los nacionales alcanzaran sus objetivos, siendo esta la primera ocasión en el que el recién creado Ejército Popular es capaz de detener una ofensiva del Ejército de África, hasta entonces irresistible en campo abierto.
Al llegar a la zona de la batalla aparcamos cerca del antiguo monumento a las Brigadas Internacionales, que fue dinamitado por las tropas franquistas, y recorrimos andando la Cañada Galiana hacia el sur, para ver algunas fortificaciones frente al Pingarrón y la Colina del Suicidio, donde tuvieron lugar los combates más sangrientos de la batalla. Parece mentira, al ver esas elevaciones del terreno que apenas merecen el nombre de colina, las terribles sangrías que se produjeron en sus laderas. Claro, que una cosa es pasear un domingo de otoño acompañado por la brisa mañanera y otra avanzar a través de un infierno de barro y niebla hacia un tabor de regulares convenientemente reforzado por unas cuantas ametralladoras. En esta zona combatió la unidad de mi abuelo, la 66ª Brigada Mixta, que tuvo un índice de bajas de más del 50%. Después visitamos un monumento de Martín Chirino a los brigadistas internacionales y, alrededor suyo, los restos de las trincheras que defendían Morata y el valle del Tajuña, realizadas por el ejército republicano durante los meses posteriores a la batalla.
Tras la visita fuimos a comer a Morata de Tajuña, al Mesón El Cid, donde tienen un pequeño museo de la batalla. En él hay recogidas multitud de fotos sobre el conflicto, así como cascos, munición, armas e incluso varias cartas manuscritas de los participantes. Antes de la visita al museo, ya habíamos comido y he de decir que muy bien. Pedimos unos entrantes muy ricos y de segundo todos coincidimos en el cordero asado, que resulta ser especialidad de la casa. Con razón porque es uno de los mejores corderos asados que he probado en mucho tiempo. Cerramos la comida con diversas tartas caseras que aportaron un toque dulce a una jornada que había transcurrido en lugares de amarga memoria.
Si tenéis interés por visitar la zona hay varias asociaciones que se dedican al tema de la localización y restauración de los restos de la Guerra Civil en Madrid y sus alrededores; alguna de ellas también realiza visitas guiadas. Esa es otra de las utilidades que yo veo a los campos de batalla: con una adecuada promoción pueden convertirse en un polo de atracción turística en zonas que carecen de atractivos turísticos más tradicionales. Un ejemplo de esto son los campos de batalla de Waterloo y las Ardenas, situados en Bélgica y convenientemente explotados por el Turismo Belga. Aquí os dejo también la página web de una asociación que se dedica a la localización y divulgación de los restos de la batalla del Jarama donde podéis encontrar un folleto con rutas por la zona.
Poco después de la caída de Berlín en manos del Ejército Rojo, un grupo de soldados soviéticos entró en el bunker de Hitler. Allí encontraron el cadáver del Führer y, llevados por la ira, al encontrarse con el causante de tantas desgracias para su país, desnudaron el cuerpo y lo golpearon. Uno de los soldados, Vasiliy Zudropov, decidió llevarse como souvenir la cabeza del dictador alemán, pero, finalmente, optó por otra parte del cuerpo que podía transportarse de forma más cómoda y discreta: el pene. Así que Vasiliy volvió a Rusia con su extravagante trofeo en el bolsillo...
Esto, que podría parecer el comienzo de una película de serie B, es real, o al menos eso asegura Ivan Zudropov, el hijo de Vasiliy. En noviembre de 2003 este individuo puso en venta el citado apéndice por 18.000 dólares, admitiendo que se le realizasen pruebas de ADN para verificar su autenticidad. Aun así, el testimonio de Iván resulta difícil de creer, ya que es poco probable que, dada la importancia que daba Stalin a la localización del cadáver de Hitler, alguno de sus soldados se hubiera atrevido a mutilarlo. De todas formas, nunca se ha demostrado la falsedad de la historia, ni la del curioso souvenir...
He introducido esta breve historia al comienzo de mi artículo por su relación con el título y, por qué no admitirlo, a causa de que no hay mucho que decir sobre la película del mismo nombre. “Ellos robaron la picha de Hitler”, segunda película de Pedro Temboury, es un tostoncete absolutamente prescindible. El argumento es el siguiente: En unas excavaciones en Berlín descubren el pene de Hitler conservado en un frasco. Un científico nazi refugiado en la Costa del Sol envía a un grupo de descerebrados neonazis a robarlo, con el fin de utilizarlo para clonar a un nuevo Führer. Los neonazis tendrán que competir con un grupo de feministas radicales que coleccionan penes de hombres famosos y que también quieren hacerse con la reliquia.
El argumento, como podéis ver, es de traca y la película está hecha con cuatro duros y se nota, tiene todo un aire de lo más cutre. Pero, quizá, con algo de imaginación, del estúpido argumento y del cutrerío podría haberse sacado una película divertida, como el anterior largometraje de su director, “Kárate a muerte en Torremolinos”. “Ellos robaron la picha de Hitler” es, en cambio, sosa y sin gracia. Los mejores chistes son uno de pedos, al comienzo, y otro burdamente plagiado del “Jovencito Frankenstein”. La tensión brilla por su ausencia y los único que te produce algo de incertidumbre son los bandazos que da el errático guión. Por otra parte, el elenco masculino, encabezado por Manuel Tallafé, realiza unas interpretaciones bastante mediocres. Del trabajo de las actrices, mejor no hablar, porque es evidente que han sido elegidas más por otras razones, como el tamaño de sus pectorales, que por sus habilidades interpretativas.
Si algún día queréis echaros unas risas con unos colegas viendo una película cutre, os recomiendo la citada “Kárate a muerte en Torremolinos” o una película que comentó ya hace tiempo Dorami, “Jesucristo, cazador de vampiros”, porque “Ellos robaron la picha de Hitler” solo puede ser considerada un divertimento admisible por alguien emporrado hasta prácticamente la inconsciencia.
De todas formas, por si sois de esta gente que quiere quedar entre sus conocidos como un individuo extraño, perturbado y, posiblemente, peligroso, y, por ello, os apetece ver algunas imágenes de esta película para luego poder comentarla, aquí os dejo el trailer:
No digáis que no os había advertido.
P.D.: Afortunadamente, en las últimas dos semanas he visto tres películas que me han reconciliado con el cine después de una temporada de sequía cinematográfica. La primera, esa joya de Pixar con nombre de bebida carbonatada: “Up” Después una seudo-comedia romántica española, “Pagafantas”, que, sin ser ninguna obra maestra, resulta muy divertida y te hace pasar un rato agradable. Por último “Desgracia”, basada en la novela del premio Nóbel J. M. Coetzee, libro que provocó que Dorami se fijase en mí por primera vez. La película, protagonizada por John Malkovitch, es muy buena, pero de muy mal rollo, la verdad.
“¿Ande andáis?”, preguntaba Suntzu en los comentarios del último artículo. Pues yo ya estoy de vuelta, tras cinco días en los cursos de verano de la UNED y un fin de semana de romería en Asturias. Dorami se ha quedado en su tierra, donde, como siempre, siguen pasando cosas de lo más chocante, esta vez involucrando camiones de mudanzas, enanos y violencia. Pero, como decía Michael Ende, esa es otra historia y será contada en otra ocasión (esperemos). Por de pronto hoy nos vamos a centrar en Ávila y sus cursos.
Nos alojamos en el Hostal El Rincón, dentro de la muralla, al lado de la Plaza del Mercado Chico y muy cerca de la Puerta del Mariscal. En pleno centro, vamos, y con una situación bastante buena a la hora de ir al lugar de celebración de los cursos, la Universidad Católica de Ávila. La habitación doble nos salió por 45 euros y estaba bastante bien: limpia, renovada hace poco y de un tamaño aceptable. El problema (siempre hay un problema, que sería de este blog sin nuestros problemas) era el bombín de la cerradura de la puerta de la calle, que no iba demasiado fino. El método para abrir la puerta y no pasar la noche al raso era que yo tirara y empujara rápidamente de la puerta mientras Dorami trasteaba con la llave en la cerradura. La puerta de nuestra habitación tampoco funcionaba bien, aunque en ese caso el peligro era menor: de congelación, se entiende, porque maldita la gracia que nos hubiese hecho dormir tirados en un pasillo.
Bastante cerca del hostal, en la calle de los Comuneros de Castilla encontramos un restaurante, llamado Tres Siglos, donde se comía bastante decentemente de menú: no estamos para dispendios. Como por la noche parece que apetece algo en plan de picoteo, os recomendaré otro sitio, el Restaurante Puerta del Alcazar, que, a pesar de su nombre, está frente a la Puerta de las Carnicerías. Muy ricas las tostas, las papas revolcones (plato típico abulense) y los canutillos de cecina rellenos de foie. También son muy recomendables los helados artesanos. Para tomar una copa nos recomendaron un par de garitos en la Avenida de Portugal: el Delicatessen y el España y Olé. Al primero no fuimos, aunque no tenía mala pinta desde fuera; estuvimos en el España y Olé, un lugar que os encantará si sois aficionados a la decoración taurina y las banderas rojigualdas; a Dorami y a mí nos hizo mucha gracia (tenemos cierta vena de amantes de lo “kitsch”) y nos quedamos allí.
La parte monumental del viaje fue bastante reducida, debido a que estábamos en los cursos a las horas de visita de los monumentos. De todas formas sacamos un rato para ver la Catedral, de estilo gótico inicial. Su exterior engaña, la visita es imprescindible.
En cuanto a los cursos, dejaré que Dorami os hable del suyo, si le apetece. Yo me voy a referir solo al mío, “Imágenes de la Edad Media”, en principio centrado en los tópicos que hay sobre ciertos aspectos de la Edad Media y la interpretación de la investigación histórica sobre ellos. Aquí están algunas cosas que me llamaron la atención:
Mujeres: Frente a las palabras de Santo Tomás, que toma de Aristóteles la idea de que la mujer es un hombre imperfecto, o a la imagen de la mujer medieval que esperaba bordando a que llegara un trovador que le aliviara un poco el tedio, aunque solo fuese con una romanza, tenemos a mujeres como Leonor de Aquitania y María de Molina que jugaron un papel de primer orden en la política de la época. Tampoco podemos olvidar a las mujeres del pueblo llano que trabajaban en los campos, en los talleres, en los mercados, porque así lo exigía la alimentación de sus familias.
Caballeros andantes: Los caballeros andantes sí que existieron. Sobre todo en la Baja Edad Media había cientos de caballeros pululando por Europa socorriendo a viudas y doncellas, defendiendo la fe, tomando parte en justas y torneos y saciando su apetito en pantagruélicos banquetes. Uno de ellos fue Suero de Quiñones, caballero castellano que, a causa de su amor no correspondido por una dama, se colocaba todos los jueves una argolla en torno al cuello. Para liberarse de ella pidió permiso al rey Juan II para organizar un paso honroso. Un paso honroso consistía en un grupo de caballeros que se comprometían a defender un paso obligado de un camino contra todo caballero que quisiese pasar por él. La existencia del paso honroso se publicaba por toda la Europa cristiana y a él acudían decenas de caballeros deseosos de probar su valor y su destreza con las armas.
La guerra: La guerra en la Edad Media era más compleja de lo que solemos pensar, pero se llevaba a cabo de forma diferente a épocas anteriores y posteriores, adaptándose a las limitaciones, fundamentalmente organizativas, que padecían los ejércitos medievales. La forma más habitual de hacer la guerra era mediante expediciones de saqueo, algo poco espectacular pero con menores riesgos que las batallas campales, más beneficios económicos y de gran efectividad a largo plazo. Si se quería conquistar territorio había que pasar al asedio de plazas fuertes: una fortificación era casi imposible de tomar por asalto, la mayor parte de las tomas de plazas se producían porque se rendían por hambre, gracias a traidores o porque la voluntad de resistencia de los defensores estaba muy quebrantada tras largos años de saqueo de sus tierras (como sucedió en Toledo). Las famosas batallas campales, que aparecen en toda película medieval que se precie, eran muy escasas y se evitaban casi siempre que se podía, ya que representaban un gasto de recursos considerables y en muchas ocasiones no servían para nada. Una excepción a esta regla sería las Navas de Tolosa, donde Alfonso VIII sí buscó la confrontación con el ejército almohade.
Medicina: La medicina islámica tiene fama de ser la más avanzada de la época, y de hecho lo era. Lo que es menos conocido es que se basaba fundamentalmente en las medicinas griega y romana. De hecho los cristianos occidentales conocen estas medicinas a través de los musulmanes. Lo que sí parece que es una exageración es la maestría a la hora de practicar la cirugía que se atribuye a los médicos musulmanes. Todos los tratados médicos musulmanes reservaban un capítulo a la cirugía, pero se cree que esto tiene más de tradicional (ya que estaba en las fuentes grecolatinas, como sucedía con la rabia) que de verdadera práctica habitual. De hecho, en uno de los dos tratados íntegros de cirugía que se conocen, después de detallar cada una de las intervenciones que relaciona, el autor dice que él no la ha realizado nunca, ni conoce a nadie que la haya hecho y que ni siquiera ha oído que se llevase a cabo en ninguna parte.
La Alhambra: El estudio de la Alhambra tiene que tener en cuenta que fue modificada tras su conquista por los Reyes Católicos y también su propia evolución en el tiempo. Lugares concebidos como habitaciones familiares por un emir pueden convertirse, con la edificación de otras estancias por parte de un sucesor, en dependencias para el servicio. Una de las teorías más curiosas que nos contaron fue la de que el famoso Patio de los Leones era en su origen una tumba, teoría que su ponente defiende con planos de buen número de edificaciones norteafricanas cuya función es esa y que presentan una estructura muy similar al citado patio y sus edificaciones aledañas.
Ya es bastante por hoy, que os vais a dormir con tanta brasa. Antes de despedirnos solo quería añadir que no creáis que esto de los cursos de verano es todo estudio y nada de diversión. Conocimos a gente muy maja, como Joana, Neva y Silver, con los que nos reímos mucho y lo pasamos muy bien. También nos reencontramos con Sonia, una amiga de Marramiau a la que conocimos en Albarracín, y Sergio, su churri. Besos y abrazos desde Gatos en Carnaval a todos ellos.
Jaca negra, luna grande, y aceitunas en mi alforja. Aunque sepa los caminos yo nunca llegaré a Córdoba.
Por el llano, por el viento, jaca negra, luna roja. La muerte me está mirando desde las torres de Córdoba.
¡Ay qué camino tan largo! ¡Ay mi jaca valerosa! ¡Ay que la muerte me espera, antes de llegar a Córdoba!
Córdoba. Lejana y sola.
Está visto que en estos tiempos que corren ya no se respeta a nadie: ni a Federico García Lorca siquiera. Como ya os conté en el anterior artículo, hace un par de fines de semana fuimos a Córdoba. Y de lejana, nada: desde Atocha tardamos solamente una hora y cuarenta minutos en plantarnos en el centro de la antigua capital del Califato de Al-Andalus. Desde allí, en un “tasis”, llegamos en un momento a nuestro alojamiento: el Hotel Plateros, en la Plaza de Séneca. Muy nuevo, muy coquetón y muy bien situado, apenas a 5 minutos paseando de la Mezquita. Y bien de precio, la noche nos salió por 53 €.
Una vez instalados, salimos a dar una vuelta y ¡nueva puñalada al poeta! ¿Sola? Ojalá, aquello era un hervidero de turistas de todas las nacionalidades, parecía una romería. Como era viernes, aprovechamos para visitar el Alcázar de los Reyes Cristianos, que ese día es gratis, en el que lo más destacado son sus jardines. Ese día no pudimos disfrutarlos como se merecerían, porque nos cayó agua a cántaros. De todas formas para visitar la Mezquita-Catedral y Medina Azahara, que son los monumentos fundamentales que hay que ver en Córdoba a mi parecer, gozamos de un tiempo estupendo.
La Mezquita fue construida por Abderramán I cuando se proclamó emir e independizó Al-Ándalus del califato abbasí. Abderramán debió pensar que su capital requería una mezquita como Alá manda (ya basta de utilizar iglesias visigodas reconvertidas) y construye una gran mezquita a imitación de la de Damasco. Posteriormente fue ampliada por otros gobernantes, entre ellos Almanzor, que, para hacerse perdonar que no era más que un dictador militar, se labró una imagen de gran religiosidad a base de construir mezquitas y mandar infieles al otro barrio. El resultado es una maravilla. Todo lo contrario a un estilo como el gótico cristiano (que es mi favorito en lo que a arquitectura religiosa se refiere), pero una maravilla. Donde este estilo nos ofrece un edificio que se remonta hacia el cielo inundado de luz, la Mezquita de Córdoba es como un palmeral de columnas sumergido en la penumbra, un lugar que invita al recogimiento y la meditación. En cuanto a su transformación en catedral, la verdad es que proporciona un pastiche bastante sorprendente. Pero la nave principal y el altar mayor no desmerecerían en ninguna otra catedral y, lo que es más importante, evitó que la arrasaran como pasó con muchas otras mezquitas y con muchas iglesias antes de esto. La visita merece los 8 eurazos que vale, aunque, si sois madrugadores y llegáis antes de las diez, os saldrá gratis.
Medina Azahara la construyó otro Abderramán, el tercero. La leyenda habla de una concubina por cuyo amor el califa construyó una nueva ciudad a las afueras de Córdoba, en las faldas de Sierra Morena. La realidad es más prosaica y más apasionante. Abderramán se proclamó califa, es decir supremo líder religioso (al tiempo que político), para dificultar la penetración en Al-Andalus de las ideas de los fatimíes norteafricanos que propugnaban una visión más igualitaria del Islam. También puso en orden el patio trasero, vamos que arreó candela a base de bien a los cristianos, que últimamente estaban muy envalentonados, y, como culminación de su obra, se dedicó a edificar una capital digna del estado más poderoso de Occidente. Y la verdad es que lo consiguió: lo poco que hay excavado es una maravilla. Es fácil imaginarse la estupefacción de los enviados de los reinos cristianos cuando, después de atravesar la ciudad y los jardines del palacio, llegaban al salón del trono, con sus paredes de piedra completamente labradas con versículos del Corán y dibujos del árbol de la vida: “Poderoso califa, venimos a rogarte ayuda contra los navarros, que son unos cabrones. A cambio te ofrecemos diez villas a la orilla del Duero”. En este caso la visita es gratis, pero si no vais a Córdoba en coche tendréis que coger un autobús cuyos billetes se compran en los puntos de información municipales. Y, aunque vayáis en coche, casi os recomendaría que utilizaseis también el autobús: Abderramán III no pensó en los coches cuando diseñó su ciudad y el aparcamiento se queda muy escaso para tanto visitante.
Otros lugares que también podéis visitar son el Palacio de Viana, el Museo de Julio Romero de Torres, el Museo Provincial de Arte, los Baños del Alcazar Califal… Aunque a Dorami los baños que más le gustaron no fueron los antiguos. El domingo por la noche fuimos a darnos un baño y un masaje relajante a unos modernos baños árabes: primero tienes la piscina de agua templada relajante, luego pasas a una poza caliente y al cabo de un rato a la fría, lo que provoca un cambio de temperatura que dicen que reactiva la circulación. También hay baño turco, pero como Dorami tiene la tensión baja esas cosas no le convienen mucho. Después del baño y del masaje pasamos a cenar al restaurante, donde disfrutamos de una cena muy rica (excelente el tajin de mero) amenizada por un espectáculo de danza del vientre.
Un restaurante donde también comimos muy bien fue El Bandolero, frente a la Mezquita. Aunque el sitio tenía pinta de caro, la verdad es que de menú se come muy requetebién por un precio razonable. Yo me zampé un salmorejo con virutas de jamón ibérico y huevos de codorniz y un rabo de toro (dos de los platos cordobeses más típicos) que estaban para chuparse los dedos. Otra opción es comer de tapas. Para las tapas nos gustaron especialmente dos tabernas: “La Tapa”, en la calle de los Deanes, cerca de la Catedral, y otra en la Plaza de la Corredera haciendo esquina con Rodríguez Marín, donde nos encontramos con Julio Anguita. Vaya el siguiente número musical por don Julio, un cordobés orgulloso de su tierra pero sabedor de que el verdadero hombre de izquierdas es ciudadano del Mundo, no como estos mindundis que rigen ahora los destinos de Izquierda Unida, que son capaces de pactar con los nacionalistas más cavernícolas por unas briznas de poder.
No podía terminar este artículo, que ya se está extendiendo demasiado, sin mencionar la Taberna de la Cruz del Rastro, al final de la calle de San Fernando, y a su propietario, al que apodamos Sandokán, donde pasamos una noche estupenda el viernes, entre buena cerveza, buena música y un enorme plato de potaje que nos puso el “Tigre de Malasia” de tapa.
El mes pasado se cumplieron 30 años de la disputa del Campeonato Mundial de Fútbol en Argentina. Aunque 30 años no son nada comparados con la edad del Universo, no está de más hacer una pequeña introducción histórica, ya que puede que algunos de nuestros lectores no hubiesen nacido por aquel entonces y otros, como yo, estábamos más interesados en los “Kalkitos” del Mundial que en su contexto socio-político.
En 1966 el congreso de la FIFA en Londres concedió la organización de los Mundiales del 78 a Argentina. Dos años antes de la fecha de celebración del evento, un golpe de estado derribó el gobierno de Isabelita Perón implantando una dictadura regida por una junta militar encabezada por el comandante en jefe del Ejército, Jorge Rafael Videla. Durante el mandato de esta junta varios miles de personas fueron detenidas, torturadas y asesinadas, sin contar con los que se vieron obligados a exiliarse. Debido a estas violaciones de los Derechos Humanos este Mundial provocó abundante polémica, protestas y boicots, entre ellos el del barcelonista Johan Cruyff, que se negó a jugar con su selección en el Campeonato. A causa de las protestas internacionales y de la propia oposición interna, la Junta Militar, como el gobierno nazi en el caso de las Olimpiadas del 36, concibió el evento como una operación propagandística a gran escala, lo que requirió una gran inversión económica en infraestructuras deportivas, hoteleras, aeroportuarias y de comunicaciones, en un momento en que la economía argentina se tambaleaba al borde del abismo.
En lo deportivo el Mundial fue un gran éxito para Argentina, aunque la victoria de la selección anfitriona estuvo empañada por las sospechas de compra del partido contra Perú, que finalizó con una abultada victoria albiceleste por 6 a 0, lo permitió a los argentinos disputar la final. El gobierno de Videla, necesitado de cualquier cosa que pudiera darle reconocimiento internacional y popularidad ante su población, utilizó el triunfo para reivindicar de forma vergonzosa la legitimidad y la labor de su gobierno.
Aquí tenéis un mini-documental sobre el tema, “La muerte y la pelota”:
A pesar de los discursos triunfalistas, cuatro años más tarde, en 1982, Argentina se hallaba sumida en una profunda crisis económica, social y política, que empujó al gobierno militar, siguiendo la doctrina napoleónica de atajar el malestar interno a base de conflictos exteriores, a una guerra contra Gran Bretaña por la posesión de las islas Malvinas. La guerra, como todos sabemos, finalizó con la victoria de los británicos que recuperaron el control sobre las islas. Esta derrota fue uno de los factores que provocaron que, un año más tarde, el gobierno militar se viera obligado a convocar elecciones libres. Con ellas finalizaron siete años negros para el país austral en los que desaparecieron, según estimaciones de organizaciones humanitarias, 30.000 personas, se perdió una guerra que se saldó con 649 muertos por el lado argentino sin contar con las tremendas perdidas materiales y se alcanzó un endeudamiento record, una tasa de interés para los créditos hipotecarios del 100% y un nivel de pobreza del 37,4% en 1982.
Y ahora treinta años más tarde… Perdón, ¿cómo dice...?
"¡Las Olimpiadas impulsarán la democracia en China!"
"¡Las Olimpiadas impulsarán la democracia en China!"
"¡Las Olimpiadas impulsarán la democracia en China!"
Lach Olimpiadach impulcharán la… ¡Vamos, no me jodas!
"Avete, amici!" ¡Ops! Lo siento, esto de tanto estudiar me está afectando un poco. Hace dos semanas tuve el examen de Historia Antigua de España, Hispania romana pura, y el miércoles tengo el de Latín. Luego el viernes me toca Geografía de España, pero en ese me parece que me van a dar la del pulpo.
Además estoy releyendo la serie de novelas de Colleen McCullough sobre Roma. Esta serie abarca los sucesos que llevaron a las sucesivas guerras civiles en la antigua Roma y, a partir de ellas, a la caída de la República y al nacimiento del Imperio. Para ser novela es muy ajustada al conocimiento histórico actual y, al mismo tiempo, resulta muy entretenida. Las luchas en el Senado por ser el primer hombre de Roma resultan apasionantes. Los personajes también están muy conseguidos, sobre todo Mario y Sila: humanos y, al mismo tiempo, grandiosos en su gloria y su infamia. El único personaje que me desagradó un poco fue el de Julio César que parece casi inhumano en su perfección.
Por si fuera poco, Dorami y yo estamos viendo la serie Roma. Se aparta un poco de los hechos históricos pero está muy bien hecha y es bastante entretenida. Está ambientada en la época de la guerra civil entre César y Pompeyo, siguiendo los pasos de dos soldados de las legiones del primero. Aquí os dejo un vídeo con el principio del primer capítulo en el que se ve al ejército romano como la irresistible máquina de guerra que era en realidad y no como la turba de “ninjas” enloquecidos que aparecía en Gladiator.
Como tanto bombardeo sobre Roma debió hacer temer a Dorami que, en caso de tener una discusión, la arrojase a los leones, me dijo que teníamos que alternar la serie de Roma con alguna otra. La elegida fue IT Crowd, traducida en España como Los informáticos, la mejor serie de humor que he visto en (muchísimos) años. Los protagonistas son los dos informáticos de una gran empresa británica, una pareja de frikis técnicamente muy competentes pero negados para las relaciones humanas, y su jefa, una mentirosa compulsiva que no tiene ni idea de informática. La clave de la serie es, en mi opinión, que no se limita a los típicos chistes de informáticos, sino que es una serie sobre personas, descubriendo sus debilidades, manías, estupideces… desde la perspectiva de esos dos seres asociales. Aquí os dejo un adelanto:
Hola, niños y niñas. Como habréis leído en el artículo anterior de mi compañera de piso acudimos al primer fin de semana del Festival de Teatro de Almagro. ¿Qué ha sido de nuestra vida desde entonces? Entre ese fin de semana y el siguiente, en que nos trasladamos a Alicante a una boda (por cierto, desde aquí reiteramos nuestros buenos deseos a Juanma y Eva) previo paso por el solar de mis mayores, por vía paterna (Carchelejo, en la provincia de Jaén), yo me consagré al estudio y la diversión en un curso de esos que organizan las universidades cuando aprietan los calores. La elección recayó en un curso de mi actual universidad, la UNED, celebrado en Alcalá la Real y que llevaba por título: “Magia y religiosidad en la España Moderna” (la España Moderna es la de los Reyes Católicos a Carlos IV, no la de ZP, aclaro).
En cuanto al curso no voy aquí a explayarme ya que, posiblemente, dedicaré dentro de poco un articulillo “cultureta” a su contenido, así que aquí me centraré en la ciudad de Alcalá la Real y la excelente acogida que nos dispensó.
Alcalá la Real es un municipio de algo más de 20.000 habitantes al sur de la provincia de Jaén, ya lindando con Granada, en la comarca de la Sierra Sur. Su situación estratégica frente a la vecina Granada motivó que Alfonso XI fundara allí una abadía que situó bajo protección real y que marcaría con el transcurso del tiempo la vida de la ciudad. Testimonio de esta época de gloria son la Iglesia Mayor Abacial y el Palacio Abacial, donde, por cierto, tenían lugar los cursos.
Yo llegué el lunes por la mañana y me dirigí al hotel donde había reservado habitación: el Hotel-Hospedería Zacatín. A mí me gustó: bastante nuevo, las habitaciones están limpias, situado en el centro de la ciudad (enfrente del Palacio Abacial) y el personal es muy amable y muy simpático. A las cinco comenzamos el curso con el consabido acto de presentación a cargo de dos prebostes de la UNED en Jaén, la alcaldesa de Alcalá, Elena Víboras, y el director del curso, Carlos Martínez Shaw, catedrático de la UNED y académico numerario de la Real Academia de Historia. Tras este acto, las dos primeras clases, tras las cuales el Ayuntamiento ofreció un cóctel-merendola para que los participantes en el curso fuéramos conociéndonos. El cóctel terminó a altas horas de la noche en el pub L@Lola (creo que se llamaba así) que fue nuestro local nocturno de referencia durante el resto del curso.
El martes, después de las clases, nos ofrecieron la posibilidad de conocer la “Ruta de los Milagros”. La razón de ser de esta ruta viene de la existencia de los llamados “santos”: hombres de la zona a los que se atribuían poderes curativos y proféticos. Yo conocía su existencia por mi padre (que como recordaréis es también jienense): a un primo suyo, que tenía poliomelitis, le llevaron a ver al santo Custodio (uno de los “santos” más conocidos) y al poco tiempo se curó. Cerca de donde el santo Custodio iba a rezar habían levantado una ermita que la Iglesia oficial atribuyó a la Virgen de la Cabeza y donde, aun hoy, acude gran número de fieles a realizar peticiones a la Virgen y al santo Custodio. La ermita, por cierto, está situada en un lugar precioso, un balcón natural sobre la sierra donde nos sirvieron una sencilla (aunque excelente) cena a base de queso, jamón, pan y aceite, todo ello regado por abundante sangría.
El miércoles teníamos tarde libre en el curso, así que aprovecharon para ofrecernos una visita guiada a la Alhambra. Yo he estado varias veces en la Alhambra, la última hace un par de años o tres, pero, por supuesto, me apunté. Hasta que me aburra de ver la Alhambra me queda, al paso que voy, que pasen un par de vidas.
El jueves la visita correspondió a la propia Alcalá la Real, uno de los escasos lugares de la provincia de Jaén que me quedaban por conocer y que me sorprendió gratamente. Visitamos el museo municipal, situado en el Palacio Abacial, el Ayuntamiento, la Iglesia de las Angustias (muy curiosa su nave central y su bóveda), la de la Consolación y la de San Juan (donde visitamos un pequeño pero interesante museo de religiosidad popular). Y por supuesto la Fortaleza de la Mota, que domina la ciudad, donde estuvimos visitando las excavaciones arqueológicas, realizamos una cata de los vinos de la zona y luego nos ofrecieron un pincheo para que recuperáramos fuerzas tras la visita a la ciudad.
El viernes fue el día de las despedidas. Tras la entrega de diplomas y el cóctel-comida de despedida, llegó el momento de la separación. Atrás dejamos a un estupendo grupo de compañeros, a los profesores que han compartido su sabiduría y alguna que otra copa de vino con nosotros, a la gente del Ayuntamiento y de la UNED que han trabajado mucho para que pasáramos una excelente semana (y que además se venían con nosotros de juerga) y, por supuesto, a Alcalá la Real: una ciudad que nos recibió con los brazos abiertos, una gran desconocida que recomiendo vivamente que visitéis.
Aquí os dejo la página del Ayuntamiento de Alcalá la Real, para que os ilustréis sobre cómo llegar, qué visitar, dónde alojarse...
“La Dánae que yo mandé a Vuestra Majestad se veía enteramente desde delante. Por esta razón, quise dar variedad en esta nueva poesía y mostrar la parte posterior del cuerpo. Esto hará que la cámara donde se colgará sea más agradable todavía”.
Las “poesías” en cuestión son los cuadros “Dánae” (que podéis admirar sobre este párrafo) y “Venus y Adonis”, del genial pintor veneciano Tiziano. Estas palabras, donde parece deducirse que son más importantes los encantos de las “churris” que en ellos aparecen que su innegable valor como obras de arte, eran enviadas por el propio pintor a su mecenas, Su Católica Majestad Felipe II. Y es que la existencia de gabinetes privados, donde los monarcas españoles podían disfrutar de obras que serían consideradas obscenas por la moral imperante en la época, fue una constante desde el siglo XVI hasta 1827, cuando se transfirieron al Museo del Prado (donde, por cierto, continuaron ocultas 11 años más, en una sala reservada a “personas de calidad social”).
Pero no solo fueron los reyes hispanos los aficionados a los cuadritos sicalípticos. Federico Gonzaga, duque de Mantua, por ejemplo, encargó a Correggio cuadros con un contenido sexual bastante explícito. Debajo de estas líneas, una muestra: "Júpiter e Ío".
Tampoco los reyes franceses escaparon a estas aficiones. Francisco I recibió como regalo de los Médicis el siguiente cuadro: “Venus y Cupido”, del pintor manierista Bronzino, ya que era bien conocido su amor al refinamiento y el erotismo.
Si queréis ver en persona algunos de estos cuadros, con los que las reales personas entretenían sus ratos de asueto (Felipe IV los tenía en el cuarto del Alcazar donde dormía la siesta), podéis acudir al Museo del Prado, donde incluso podréis contemplar otras obras maestras no relacionadas con el sexo.
Por último, no quería dejar pasar la ocasión de recomendaros el libro que me dio la idea para este artículo: “Como leer la pintura. Entender y disfrutar los grandes maestros, de Duccio a Goya”, de Patrick de Rynck, editado por Electa. A mí me sirvió para preparar la asignatura de Historia del Arte Moderno de la carrera de Historia de la UNED porque contiene un gran número de ilustraciones, de buena calidad, y aporta muchos datos útiles que se pueden utilizar en los comentarios de láminas de los exámenes. Pero también es un buen libro para cualquier aficionado al Arte, no importa cuales sean sus conocimientos, gracias al lenguaje sencillo con que está escrito.
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