jueves, 13 de enero de 2011

No controles

Hacía bastante tiempo que no hablaba de ninguna película, cuando este ha sido siempre un blog muy cinematográfico. Y no, no ha sido solo porque últimamente he estado muy desganado y he publicado muy pocos artículos (ninguno entre septiembre y noviembre). También se ha debido a que durante el año 2010 a Dorami y a mí nos apeteció muy poco ir al cine, debido, fundamentalmente, a lo poco atrayente de la cartelera. Así que cuando se estrenó “No controles”, la última película de Borja Cobeaga, el director de “Pagafantas” (que nos gustó bastante), no me costó mucho convencer a mi churri para ir a verla.


“No controles” comienza en un aeropuerto en el que están esperando a que salgan sus aviones Alex y su ex novia, de la que sigue enamorado. Es posible que sea la última vez que se vean porque él se va a trabajar a Ciudad Real y ella se va a vivir a Alemania. Pero una tremenda nevada provoca que se cancelen todos los vuelos y que todos los pasajeros tengan que ser alojados en un hotel de carretera cercano al aeropuerto. Es la última oportunidad para que Alex consiga lo que no ha logrado en siete meses: que su novia vuelva con él. Para ayudarle en esta difícil misión contará con un valioso grupo de colaboradores: un antiguo compañero de colegio, un divorciado recién llegado de Punta Cana, un inmigrante ecuatoriano empleado del hotel y una azafata novata.

Como podéis ver por el argumento se trata de una comedia romántica no demasiado original. Lo que tiene de especial son sus personajes, un grupo de individuos patéticos, cada uno por sus propias circunstancias, y como, con ellos, Borja Cobeaga ha sido capaz de hilvanar una divertidísima comedia. Destaca sobre todos, el personaje de Juancarlitros, interpretado por Julián López (el Vicentín de “La Hora Chanante”), el compañero de colegio de Alex que ahora es humorista profesional aunque sigue trabajando en la mercería de su madre (por no darle un disgusto a la pobre mujer). Julián López compone un personaje hilarante con este cómico con tan poca gracia.



Una película sin otras pretensiones que hacerte pasar un rato divertido, objetivo que consigue plenamente. Algo difícil de encontrar últimamente. Muy, muy recomendable.

viernes, 31 de diciembre de 2010

El mejor regalo de Reyes

Como cada año se está acercando cada vez más la fecha de los Reyes y muchos de vosotros todavía no sabéis que regalar a vuestros seres más queridos. Os estaréis preguntando: ¿Qué podría regalar que me hiciese quedar como un tipo elegante, sofisticado, pero al mismo tiempo a la última en materia de nuevas tecnologías? Hmmm... No, eso no, que cuesta una pasta.

Vuestra pregunta ya tiene respuesta: USB Wine. Un revolucionario invento que conectado al puerto USB de un ordenador os permitirá bajaros vino de algunas de las mejores bodegas del Mundo a un precio extremadamente competitivo.

Aquí os dejo la página de USB Wine, donde podéis informaros sobre sus características y, si os convence, compraroslo.

Quiero aprovechar también esta ocasión para felicitaros la Navidad de parte de Gatos en Carnaval y desearos un próspero año 2011.

martes, 14 de diciembre de 2010

Enrique Morente ha muerto




Larga vida a Enrique Morente.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Yo también soy un bollo relleno

Cuarenta y siete veranos después de que John Fitzgerald Kennedy estuviese en Berlín, Dorami y yo hemos visitado la capital alemana. De ahí el título de este artículo, ya que corre por ahí la leyenda urbana de que, en su discurso más famoso en esa ciudad, al pronunciar las palabras “Ich bin ein Berliner” ("soy un berlinés"), Kennedy no se atribuyó la condición de ciudadano de Berlín sino la de un típico bollo relleno de confitura, el Berliner Pfannkuchen.

A pesar de su nombre, yo, si tuviera que identificar la capital de Alemania con una comida, no lo haría con ese bollo, sino con la típica salchicha berlinesa, la currywurst, una salchicha con salsa de curry. Una comida que aúna Alemania (la salchicha) con Oriente (el curry). Porque Berlín resulta una ciudad sorprendente, difícil de asimilar a la idea que tenemos de los alemanes: caótica, repleta de extraños especímenes, con una población echada a la calle, un poco sucia… Esos descampados entre edificios, esas barras de bar a pedales impulsadas por un grupo de borrachuzos que se abren paso entre la circulación de una de sus principales avenidas, esos tranvías con horarios “orientativos”, esos escalofriantes cambios de sentido de los coches en medio de calles muy transitadas, Tacheles (una casa “okupada” convertida en centro cultural alternativo)… Berlín asombra al visitante que esperaba orden y seriedad teutónicas.

Algo que nos resultó muy peculiar fueron las numerosas prostitutas que pueblan Oranienburger Strasse, una calle, además, abarrotada de bares y restaurantes. Las prostitutas están perfectamente integradas en la calle, tanto que pasan tranquilamente a los bares a tomarse un tentempié y pasar al servicio y que indican direcciones a los viandantes despistados. Pero lo que más nos llamó la atención de ellas fue un peculiar aditamento en su vestuario de trabajo, por lo demás muy escotado, muy insinuante y muy de todo: una riñonera. Sí, todas las prostitutas de la calle llevaban su riñonera, probablemente el complemento más antierótico de todos los posibles. ¿Qué llevaban todas en la dichosa riñonera? Misterio: quizá preservativos, quizá el carné de puta… Dorami aventuraba que cambio para los clientes.

Pero bueno, no todo en Berlín son barras de bar rodantes y prostitutas con riñonera. Hay muchas otras cosas que ver. Lo primero, los museos. En Berlín, por tener, tienen hasta una isla llena de ellos, la Isla de los Museos. El más interesante de ellos es el Museo de Pérgamo, donde, como su nombre indica, está el famoso Altar de Pérgamo, pero también una de las Puertas de Babilonia y su Vía Procesional, la Puerta del Mercado de Mileto… También merece la pena el Neues Museum, donde tenéis una de las colecciones egipcias más importantes del Mundo y podéis admirar el célebre busto de Nefertiti. Ya fuera de la Isla de los Museos está, entre otros, el Museo de la Bauhaus, donde te cuentan la historia de esta escuela, fundamental para entender el Arte y el Diseño del siglo XX y cuya influencia llega hasta nuestros días (Ikea es puro Bauhaus). Para entrar en los museos hay una tarjeta, válida por tres días, que os puede venir muy bien. Cuesta 19 € pero, dado que la entrada al Museo de Pérgamo ya cuesta 12, es fácil de amortizar.

En cuanto a la historia de la ciudad, probablemente los dos periodos más famosos de ella son cuando fue capital del III Reich y, posteriormente, cuando tras finalizar la II Guerra Mundial fue dividida entre las potencias vencedoras y los rusos erigieron el Muro. Hay partes del Muro en numerosos lugares de la ciudad pero el trozo más grande está en la East Side Gallery, donde artistas de todas partes del Mundo han plasmado diversos mensajes pacifistas sobre él. Relacionado con el régimen de Hitler hay un interesante museo, la Topografía del Terror, edificado sobre las ruinas de lo que fue el cuartel general de la Gestapo. En el vecino pueblo de Oranienburg, al que se puede llegar en tren de cercanías, podéis visitar el campo de concentración de Sachsenhausen, edificado por los nazis pero utilizado también, tras la guerra, por el régimen comunista. La visita al campo deja muy mal cuerpo, la verdad, pero me parece algo que hay que ver.

Hablaba antes del III Reich. Si hay un Tercer Reich, eso significa que hubo antes un Segundo Reich. Este fue el Imperio Alemán salido de la Paz de Versalles, que puso fin a la Guerra Franco-Prusiana. Berlín era por aquella época la capital del Reino de Prusia, que prácticamente se anexionó el resto de Alemania gracias a las dudosas pero eficaces artes de Bismarck. De la época de los reyes de Prusia y el Segundo Imperio Alemán también quedan numerosas construcciones en la ciudad. En la Isla de los Museos está la Catedral, un grandioso y peculiar edificio de comienzos del siglo XX. Muy cerca está Gendarmenmarkt, una de las plazas más hermosas de Berlín, y al final de Unter den Linden (una de las avenidas principales de la ciudad), la Puerta de Brandemburgo. En la otra punta de Berlín está el Schloss Charlottenburg, el palacio de verano de los primeros reyes de Prusia. No muy lejos, cerca del zoo, están las ruinas de la Kaiser Wilhelm Gedächtniskirche (este palabro creo que quiere decir iglesia votiva), prácticamente destruida por los bombardeos durante la II Guerra Mundial y que ha sido conservada así como un monumento contra la guerra. En la cercana Postdam tenéis también un conjunto con palacios y jardines edificado por Federico el Grande, el rey filósofo, pero, en nuestra opinión, si andáis justos de tiempo podéis prescindir de su visita.

Con tanta visita es posible que os haya entrado hambre, ¿no? No os preocupéis, en Berlín tenéis montones de sitios para comer y, por nuestra experiencia, bastante bien, abundante y a un precio correcto. Excepto un día que comimos en un chiringuito en Alexanderplatz, el resto de las veces comimos de bien para arriba. Eso sí, no muy variado. La mayor parte de los platos disponibles en los restaurantes son de carne: salchichas, albóndigas, codillo, asado, estofado… El pescado es escaso. De todas formas la pasta es omnipresente, en todos los restaurantes hay siempre algunos platos vegetarianos y, si no os convencen estas opciones, podríais intentar alimentaros a base de cerveza, de la que hay una variedad casi interminable.

Pues esto es todo. Si tenéis alguna duda, preguntadnos en los comentarios y procuraremos resolverla en la medida de nuestras posibilidades. Ya sólo me queda desearos que si vais a Berlín lo paséis tan bien como nosotros.

martes, 27 de julio de 2010

El Museo del Ejército

Cuando vine a vivir a Toledo, hace cinco años, uno de los primeros lugares a donde fui fue a la Biblioteca de Castilla-La Mancha, que está situada en el Alcázar. Por aquel entonces, el edificio estaba en plenas obras de remodelación para alojar el Museo del Ejército. Uno de los guardias me comentó que la apertura de éste estaba prevista para el año 2008. Pero los años pasaron y tras varios aplazamientos, algunos con excusas que bordeaban el insulto a la inteligencia de los ciudadanos, el pasado lunes 19 se produjo, por fin, la esperada inauguración.

El jueves quedé con mi amigo David para dar una vuelta por el Museo. Se nos unió un amigo suyo que, en perjuicio de la claridad expositiva, se llama también David. Al Museo se accede por la parte nueva, un edificio adosado al Alcázar en estilo bonista. El estilo bonista debe su nombre al anterior presidente de la Junta de Castilla-La Mancha y hoy ídem del Congreso, José Bono, y en él se encuentran construidos buena parte de los edificios públicos de la región. Básicamente un edificio bonista es un mazacote de hormigón con estrechos ventanucos, como si fuera un bunker, y diseñado sin prestar el más mínimo interés a las personas que van a trabajar en su interior. Os podéis figurar que ese mamotreto pegado al Alcázar le sienta como a un Cristo dos pistolas. Espero que esa parte nueva tenga más funciones que la de albergar la pequeña sala de exposiciones temporales, por que si no su construcción no tiene perdón de Dios ni de los santos. Eso sí, me gusta la forma en la que han resuelto las excavaciones arqueológicas que han realizado junto al Alcazar y que se encuentran dentro de este edificio, una gran hipóstila (que pedante me ha quedado esto) donde puedes apreciar cisternas romanas junto con una torre albarrana de la fortaleza Trastámara, una traída de agua andalusí…

La colección permanente está en el edificio del Alcázar propiamente dicho. El edificio en sí ya merece la pena la visita, con su patio central en el que destaca una copia del famoso bronce de Pompeo Leoni: Carlos V dominando al Furor. La colección está dividida fundamentalmente en dos bloques, uno que plantea un recorrido histórico por el ejército español desde tiempos de los Reyes Católicos hasta el siglo XX y otro formado por diferentes colecciones temáticas: de uniformes, de miniaturas, de fotografía, de armas… Nosotros nos decantamos por empezar con el recorrido histórico pero, a pesar de realizarlo a una velocidad bastante considerable, nos quedamos a mediados del siglo XIX. Y es que la colección es verdaderamente impresionante por su tamaño. Afortunadamente, los estudiantes tenemos entrada gratuita cualquier día de la semana (también los profesores), así que no tendré problema en volver tantos días como me hagan falta.

He de admitir que a mí se me pasó el tiempo que estuvimos allí volando, aunque, claro, en ello puede influir mi pasión por la Historia militar. Aún así le encuentro varios puntos que no me gustaron. Me parece que en el recorrido del Museo se da excesivo peso al dato, al protagonista, a la fecha y poco a los procesos y a las razones que impulsaron a los ejércitos por los caminos que tomaron. Por ejemplo, la revolución militar que se produce a inicios de la Edad Moderna es, en mi opinión, fundamental a la hora de entender la Historia militar. Pues no hay ninguna referencia a ella. No sé si explicar estas cosas en un museo resulta muy complicado, no tengo ni idea de museística, pero al menos podrían haber hecho el intento. Otra cosa que me llamó la atención fue que las salas me parecieron muy pequeñas y los pasillos, en ocasiones, claustrofóbicamente estrechos. Algunas de las reproducciones de batallas que, aunque mejorables, son muy interesantes, están colocadas en unos cuartuchos que no creo que puedan albergar más de 5 ó 6 personas. Por otra parte, en algunas ocasiones, como en la reproducción de la batalla de Almansa, se han producido simplificaciones bastante toscas de la Historia, como esa presentación de la Guerra de Sucesión prácticamente como una contienda entre Castilla y Aragón. También detectamos una errata bastante sangrante en uno de los carteles de la exposición temporal, en el que se situaba a Alfonso VI en la batalla de Alarcos, sucedida casi 100 años después de su muerte. Lógicamente se referirían a Alfonso VIII, pero ese tipo de errores da una impresión de que los textos se han realizado deprisa y corriendo, sin las revisiones que creo son necesarias en una institución que presume de estar entre los tres mejores museos militares del Mundo.

De todas formas el Museo merece la pena, así que, por si os animáis a visitarlo aquí os dejo su página web donde tenéis toda la información necesaria para organizar vuestra visita.

miércoles, 21 de julio de 2010

“Jrandes desPAÑA” (II): el Duque de Lerma

Hace un par de semanas Dorami y yo estuvimos, otro año más, en los cursos de verano de la UNED. Dorami estuvo haciendo uno sobre los retos de las ciudades en el siglo XXI o algo así, en el que, por lo que me contaba, se pasaban el día hablando de corrupción urbanística. El mío fue sobre el Duque de Lerma que, como veréis, tampoco era ajeno a ese tema.

Francisco de Sandoval y Rojas, primer duque de Lerma, primer marqués de Cea y quinto marqués de Denia pertenecía a una familia de la alta nobleza castellana. Los territorios que formaban el patrimonio familiar les fueron arrebatados debido a una mala elección de bando durante la endémica guerra civil que asoló Castilla durante la mayor parte del siglo XV. A cambio, en pago por los servicios prestados, les fue concedido un título aragonés, el condado de Denia. Lo malo era que este condado, por obra y gracia del enrevesado sistema feudal de rentas, aunque aupaba a los Sandoval a las primeras filas de la nobleza de la Corona de Aragón, no les proporcionaba más que escasos ingresos. Posteriormente, Fernando el Católico elevó Denia a la categoría de marquesado y su nieto Carlos V concede a los Sandoval la Grandeza desPAÑA. Así que la familia del futuro valido de Felipe III alcanza un puesto entre la más alta nobleza del reino pero, por desgracia, carece de los ingresos para mantener el nivel de vida que les exige semejante posición. ¿Como resuelve esto cualquier noble de la época que se precie? Endeudándose, claro.

Cuando Francisco de Sandoval tiene 21 años, muere su padre, lo que le convierte en cabeza de su casa, una casa, por otro lado, endeudada hasta las cejas. Afortunadamente para él, gracias a sus maneras de excelente cortesano y su (aparentemente sincera) religiosidad, fue seleccionado para formar parte de la casa del futuro rey Felipe III. Algunos historiadores sostienen que Lerma fue para Felipe III el padre que nunca tuvo, ya que Felipe II, por aquellas fechas tenía edad para ser más bien abuelo que padre suyo. Así, con la subida al trono del nuevo rey, Francisco de Sandoval se convierte en su hombre de confianza. Un hombre de confianza perteneciente a una de las familias de más rancio abolengo de la Monarquía Hispánica pero que se ha visto continuamente asediado por agudos problemas económicos. No parece una buena combinación. Por si esto fuera poco, Sandoval no tiene prácticamente ninguna experiencia de gobierno, un par de años como virrey de Valencia y para de contar. Sus exquisitas maneras, su conocimiento de la Corte, sus habilidades como bailarín… no parece que lo capaciten demasiado para ser el hombre más poderoso de un imperio que se extendía por cuatro continentes. Con esto no quiero decir que fuera tonto, no. Al fin y al cabo, mantenerse en el poder durante 20 años en una corte como la de los Austrias, que era un nido de víboras, exige considerables dosis de habilidad e inteligencia. Una buena muestra de su inteligencia es el diseño y ejecución de, con toda probabilidad, la mayor operación de especulación urbanística de la historia desPAÑA.

En 1601, el ya duque de Lerma convence a Felipe III para llevar la capital de Madrid a Valladolid. Naturalmente, una capital necesita un palacio real, edificios oficiales, residencias para altos dignatarios… Lerma, llevado sin duda por su afán de servicio público, había realizado con anterioridad numerosas compras de bienes inmuebles en la ciudad castellana, inmuebles que, tras el traslado de la Corte, pone a disposición del Rey y el resto de los nobles, naturalmente a cambio de una compensación monetaria, por las molestias causadas. Vamos, que el tío se hace de oro a costa de los otros nobles y de la hacienda del reino. Como no debe saber que hacer con tanta pasta, Lerma, entristecido por el triste panorama que ofrecía el mercado inmobiliario madrileño tras la partida de la Corte, se dedica a comprar en la Villa. Cuando en 1606, el Rey (sin duda guiado por sus nada interesados consejos) decide la vuelta de la Corte a Madrid, Lerma se encuentra con que el valor de sus recientemente adquiridas propiedades se multiplica.

¡Muérete de envidia, Cachuli! ¡Roca, eres un aprendiz! ¡El Duque de Lerma sí que era un especulador de verdad! El tío trasladó no una, sino dos veces la capital de el país más poderoso del Mundo para revalorizar sus propiedades. ¡A ver quien puede presumir en la extensa historia de la estafa urbanística española de semejante hazaña! Su autor merece, sin duda, la entrada en el Olimpo de los “Jrandes desPAÑA” por la puerta grande y con alfombra carmesí, como modelo e inspiración para todos los consejeros y concejales de urbanismo corruptos que pueblan esta gran nación llamada EsPAÑA.

viernes, 16 de julio de 2010

Primero conquistaremos Manhattan, después conquistaremos Berlín...


Siguiendo las palabras de Leonard Cohen, tras ir de vacaciones hace un par de años a Nueva York, este verano nos vamos a Berlín. Os lo hacemos saber por si alguno de vosotros ha estado ya por aquellas tierras y nos quiere hacer alguna recomendación sobre que visitar, donde comer, lugares de copas… Así que, ya sabéis, no seáis tímidos y dejadnos vuestros consejos.

Para finalizar, aquí os dejo la canción de Leonard Cohen que da título al artículo en la versión de Enrique Morente y Lagartija Nick: